Páginas

jueves, 25 de junio de 2020

Señora, cállese

Antes de entrar en materia, me gustaría avisar de que este texto nace en un momento de enfado, en el que la paciencia ya se me ha acabado. Voy a ser lo más juste y diplomátique que pueda, pero… Si habéis estado en mi piel, entenderéis mi frustración.

Pero hoy, he explotado. O, al menos, he plantado cara de la forma más educada posible. Sin embargo, ¿cómo se pueden solucionar las cosas con una persona que no quiere escuchar el otro lado de la historia y solo le importa su propia existencia? Exacto. No se puede.

Llevo desde finales de marzo, desde que la cuarentena fue decretada en Reino Unido, viviendo en una situación de infierno sensorial casi permanente. Vivo con una persona que solo sabe comunicarse chillando. Sea en persona o en teléfono. De buen humor o de mal humor. De día o de noche. No importa. Chillidos. Para. Absolutamente. TODO.

Desearía que este fuera el único problema. Pero no lo es. La pandemia me ha hecho ver que esta persona es ignorante, egoísta y que, si por ella fuera, al mundo le pueden ir dando por saco si eso significa que ella está bien. No quiero hacer mención a detalles y sucesos concretos. Sin embargo, mis amigues y novio saben muy bien las cosas que hace esta persona.

De hecho, he llegado al punto de mostrar una conducta 100% evitativa, que solo sale de mí cuando estoy traumatizade o quiero evitar cualquier conflicto. Y sí, esta persona toma cualquier intento de crítica constructiva como un conflicto. Y perdonadme por cómo lo voy a decir, pero estoy hasta los cojones.

Me he cansado de su ley del yoyó. De hecho, el mismo día que la cuarentena fue declarada, acabé en urgencias con mi novio prácticamente suplicando al hospital que me ingresaran y que me ayudaran a llevar mi enfermedad mejor porque sabía que no iba a poder lidiar con ella a lo largo de la cuarentena. Y no me he equivocado. He sobrevivido a la cuarentena, pero a esta persona la quiero mandar al sol de una patada.

Debo mencionar el incidente de hoy, ya que tiene que ver con el hecho de que, efectivamente, ella solo sabe chillar, lo cual es un problema sensorial para mí. Es una de las partes menos amables de ser autista. Pues bien, esta persona no para de venir a mí a quejarse de algo bastante trivial, en lo que no tengo problema en admitir que tengo que poner un poco más de atención. Sin embargo, ella no parece entender que, de las 30 veces que voy de media al baño AL DÍA, las veces que voy en medio de la noche no puedo estar revisando que la taza esté impoluta. Pero no, en el momento en el que encuentra una mísera gotita, ya actúa como si fuera a contraer mi enfermedad, o peor, morirse.

No obstante, cansade de que ella pida entendimiento, yo también necesito que se me entienda. Y se lo dije. Le he pedido lo más amablemente que he podido que, por favor, deje de chillar por todo y a todas horas. ¿Y sabéis qué? La he cagado, porque en ese momento se ha empezado a comportar de forma totalmente defensiva, diciendo cosas como “¿Acaso te estoy chillando a ti? ¿Acaso estoy chillando en la puerta de tu habitación?”, “¡Pero es que tengo que chillar, porque tengo problemas!” y el clásico “¿Y cómo quieres que mis niños me escuchen si no chillo?”.

Le he dejado muy claro que, a partir de mañana, voy a llevar 24/7 unos cascos que harán las veces de canceladores de ruido, ya que mi novio se ha hartado de verme y sentirme heche un manojo de nervios y me los regala. ¿Y cómo ha reaccionado la señora? A riesgo de estar malinterpretando la situación, ha llamado a su marido, haciéndose la víctima y hablando mal de mi novio y de mí. En tamil, un idioma que no hablo, de ahí que advierta que esto debe ser tomado con cautela. No obstante, si hubiera tenido la certeza de que, efectivamente, esta señora ha tenido los santos bemoles de hablar malamente de mi novio, lo mismo estaría escribiendo estas líneas desde la cárcel. O, en el peor de los casos, quizá desde el infierno.

Así que, es justo que ella pueda imponer sus estrictísimas reglas de limpieza, y solo a mí. Pero yo no puedo pedir un poco de respeto y entendimiento por algo que me afecta a nivel mental Ah, muy bien, que le aproveche su capacitismo, señora, porque esta situación es otro aliciente para que mi novio y yo nos mudemos juntos. Él al menos entiende que no puedo vivir así. Pero bueno, no puedo esperar menos de vivir en una relación autista.

No es la primera vez que esta persona me muestra su capacitismo. Por ejemplo, en otoño del año pasado recuerdo haberle sugerido con la mejor intención del mundo que se pusiera en manos de un psicólogo para sobrellevar mejor la situación que estaba viviendo, ya que, como persona que ha sufrido y sufre depresión, puedo notar enseguida cuando hay que actuar. Ella simplemente ignoró mi consejo, diciendo que todo pasaría cuando la situación se arreglara. Bueno, cariño, gracias por subestimar tu salud mental.

Otro ejemplo es el hecho de que, cuando tengo infecciones de orina, hay veces en las que necesito ir al baño con tal urgencia que un solo minuto de espera puede causar que me haga pis encima, incluso tomando medicación para evitarlo. Pues bien, si me atrevo a ir al baño lo más rápido que puedo y doy un portazo sin querer, la señora se queja como si hubiera abierto la mismísima caja de Pandora. Lo peor es que mi enfermedad me causa infecciones de manera casi constante, así que imaginad.

Así que bien, ella puede chillar en el teléfono todo el día, pero yo no puedo dar un portazo sin querer porque es eso o hacerme pis encima. Ella puede discutir a grito pelao con su marido a las dos de la mañana con los niños durmiendo, pero yo no puedo atender una llamada telefónica a la una y media de la mañana por razones médicas urgentes, estando los niños despiertos, que fue la excusa que usó para justificarse. Y así, siempre. Ella, ella, ella, ella y sus necesidades. Ella, la señora de la casa. Pero parece que olvida que yo estoy pagándole un alquiler y puedo pedir un mínimo de respeto.

Es más, incluso podría haberla metido en problemas con la policía, ya que ha estado haciendo cosas ilegales durante la cuarentena. Lo único que me ha detenido es el sospechar que podría tomar represalias contra mí y dejarme en la calle, ya que legalmente apenas tengo protección por estar alquilando una habitación.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Ella no es muy diferente del resto de la sociedad. Vale, estamos hablando de una persona egoísta, probablemente narcisista y bastante ignorante respecto a razones de salud, incluso teniendo en cuenta que ella, en cierta forma, tiene un problema similar al mío. Pero cuando hablamos de mi salud mental, bueno… Mucha positividad y entendimiento tóxicos. Y estoy harte. Por eso mi novio se está esforzando en buscar un lugar donde vivir cerca de su trabajo. Él no aguanta sus dramas, y por supuesto, yo casi muero por mis propios dramas.

En fin… Alima, si algún día encuentras esto y consigues traducirlo, QUE TE DEN POR EL CULO. Y cállate de una vez. Me duele todo.

lunes, 6 de abril de 2020

Yo, le no binarie

Me gustaría creer que es mi depresión escribiendo por mí. Que todos los meses en los que no he podido hacer “nada” por mi enfermedad me están ganando la batalla en todo. Y sinceramente, es la respuesta complaciente, pero no la respuesta real. Pero hoy, después de pensarlo fríamente, me he dado cuenta de algo importante, y que debería aceptar o, simplemente, dejar ir.

La razón por la que me cuesta sentarme a escribir, en general, es porque temo el rechazo por ser no binarie. Es más, ya ha ocurrido.

Como siempre digo, de la misma forma que no he elegido ser autista, tampoco he elegido mi identidad de género. Siempre digo que sería mucho más fácil si fingiera ser una mujer cis. Pero lo intenté, y fue un absoluto desastre.

Cuando escribo usando el lenguaje inclusivo, ya sea usándolo como mis pronombres o de forma neutral para incluir a otres no binaries, siempre me toca lidiar con gente que minusvalora lo que tenga que decir solo porque decido ser yo. Solo porque incluyo a otres como yo. Y me cansa, me cansa mucho. Soy el tipo de persona que siempre tiene algo que decir. Y, aunque a veces mi forma de expresarlo suene controvertida, no quita que mi mensaje tenga una parte de verdad detrás.

Hace unos días quería escribir sobre lo inútil que es iluminar de azul. De cómo el asociacionismo español también huele a podrido por seguirle el juego a Autism Speaks. De lo poco que nos ayuda a les autistas, en general, que iluminen de azul. Pero no me salía. Quería, pero no podía. Sentía que, si me forzaba, iba a ser para nada. Así que no escribí, ni una mísera palabra. Para colmo, ese día mi enfermedad me dio un día difícil, incluyendo una crisis mental bastante fuerte.

Así que hoy me pregunto: yo, le no binarie, ¿debería seguir hablando aunque a nadie le importe? ¿Debería escribir sin esperar nada? ¿O simplemente callar? Quizá esto también explique por qué reniego de la etiqueta de activista. Considero que solo escribo mi verdad. La verdad de una persona autista adulta que está hasta las narices de muchas cosas. Y que la gente “normal” no estará de acuerdo conmigo. Debería aceptarlo, pero me cuesta.

jueves, 13 de febrero de 2020

Una reflexión rápida sobre racismo

Hará cosa de unos días me vino antojo de pan de gamba. A ser posible, pan de gamba de colores. Por lo tanto, ir al supermercado de cerca de mi casa no era una opción, ya que solo venden pan de gamba normal y corriente, y encima ya cocinado, por lo que ni siquiera me parece económico. Y viendo que comprar el aperitivo en alguna página web iba a ser una sangría por los costes de envío, mi única opción era ir a Chinatown. Pensé que sería una buena oportunidad para salir de casa, si mi salud me dejaba, y de paso, quizá encontraría alguna golosina de Pokémon. No sería la primera vez que encuentro alguna cosa “friki” escondida en esa tienda, y espero que tampoco sea la última.

Sin embargo, al llegar a Chinatown me di cuenta de algo que me puso algo triste. A pesar de ser una de las zonas más céntricas de Manchester, había muy poca gente para lo que esperaba. Y en ese momento empecé a temerme lo peor. Pude hacer mi pequeña compra en el supermercado que suelo frecuentar, y cuando salí, vi algo que me puso aún más triste.

Querides clientes,
Respecto a las noticias recientes, nuestro restaurante lleva a cabo chequeos frecuentes para asegurar la máxima higiene posible.
¡Sentíos bienvenides y disfrutad de una comida sabrosa!
Restaurante New Emperor

Entonces, sin necesidad de que lo mencionaran, lo supe. La histeria racista por el Coronavirus. Y me sentí triste porque pude imaginar lo que posiblemente esté aguantando ahora mismo cualquier persona asiática. El ostracismo injustificado, la paranoia, los ataques… Aunque los problemas que enfrento por ser una persona autista no son ni de lejos los mismos que podría enfrentar si fuera una persona racializada, entiendo que ahora mismo no es una situación fácil. Y de hecho, supe que si el restaurante se había visto en la necesidad de colgar semejante nota en la puerta, probablemente era porque debido a la paranoia mediática, la gente no quería comer ahí. Yo lo hubiera hecho, de no ser porque mi economía ahora mismo no me permite este tipo de cosas.

Quiero usar mi privilegio como persona blanca para hacer una reflexión rápida. Hay mucha desinformación ahí fuera sobre lo que está pasando, y los medios de comunicación, en lugar de informar y tranquilizar a las masas, están alimentando el miedo y la paranoia. Omiten deliberadamente hechos como que el coronavirus se descubrió hará como cincuenta años, y que lo que está sucediendo ahora mismo es una nueva cepa del mismo. Nos hacen creer que es una enfermedad terrible, cuando lo cierto es que, a menos que tu sistema inmunitario esté comprometido, no debería ser mortal. Y olvidan un pequeño detalle que no he visto a nadie mencionar: los virus también son seres vivos. Evolucionan, ya sea de forma natural o por medio de relacionarse con otras especies, ya sean animales o humanes. Pienso que era una cuestión de tiempo que esto sucediera. Y también pienso que por estadística debía suceder en China, ya que una de cada seis personas es china.

¿Estoy justificando el odio hacia la población china, y por extensión, a toda la población asiática? NO. Mi mensaje es que, independiente de que por probabilidad lo que esté sucediendo sea “normal”, no justifica en ningún momento lo que estas personas están sufriendo. Porque después de toda la histeria que nos están vendiendo, estoy viendo cómo olvidamos que les asiátiques también son personas. Seres humanes a les que estamos viendo como virus andantes. Y eso no está para nada bien. Es más, me parece triste que tengan que reivindicar justamente que no son un virus por la cantidad de incidentes y ataques racistas que están sufriendo.

¿Mi consejo? Ignorar a la prensa. Teniendo en cuenta que vivo en un país donde una frase inocente puede ser convertida en el titular más amarillista posible, sé muy bien de lo que hablo. La prensa por lo general no se preocupa por la verdad. Solo quieren vender sus historias, por retorcidas o sensacionalistas que sean. Y en este caso, incluso tienen odio y racismo camuflado. Cuidaos como cada invierno, y estaréis bien. Y lo más importante, tratad a les demás como os gustaría ser tratades.

jueves, 23 de enero de 2020

Otra historia de capacitismo

Hoy quiero contaros una historia que me pasó la semana pasada, pero que desgraciadamente, para todes aquelles que vivimos con enfermedades y discapacidades invisibles, es algo continuo y atemporal.

Mi novio y yo estábamos en la cafetería de una librería, cuyo nombre prefiero no mencionar. La cuestión es que yo necesitaba ir al baño. Y quiero recalcar el necesitaba, ya que mi enfermedad me causa dolor cada vez que tengo que usar los servicios. Por ello, cuando siento la llamada de la naturaleza, no puedo postergarlo, ya que solo hace mi dolor peor.

En esta librería hay dos baños, los cuales son ambos aptos para personas discapacitadas. Sin embargo, hay un pequeño problema con las cerraduras, ya que no muestran si la puerta está cerrada o abierta. Esta situación hace que a veces se formen colas, a pesar de que puede suceder que uno de los baños no se esté usando. Y para mi desgracia, esta situación se ha vuelto demasiado frecuente. El sábado pasado fue una de esas veces.

Ya que acabábamos de llegar y mi pareja estaba visiblemente preocupado por mí, ya que era obvio que estaba sufriendo, se unió a la cola conmigo, en lugar de buscar una mesa tranquila y pedirse su menú habitual. Trató de tranquilizarme y demás, pero conozco bien mi cuerpo, y en ese momento sabía que me sentiría mejor tan pronto como evacuara. Sin embargo, había dos señoras por delante de mí. No obstante, mi dolor era insufrible, hasta el punto de que decidí sentarme en un asiento cercano a los baños porque estar de pie me era más doloroso.

Aunque no recuerdo bien la conversación que tuve con mi novio, sé que mi tono delataba que no estaba tranquile. Incluso me parece que estaba hablando en un volumen más alto de lo que es normal en mí. Pero sí que recuerdo mencionar el hecho de que era muy posible de que uno de los baños no estuviera en uso, y pregunté retóricamente si era grosero por mi parte si comprobaba que, efectivamente, el otro no estaba siendo usado, ya que mi nivel de dolor en ese momento era algo complicado de lidiar. No el peor que he tenido, pero bastante desquiciante. Ninguna de las señoras que estaban por delante de mí se percató de mis palabras. Y cuando sentí que mi dolor iba a peor, me dije mentalmente “Fuck it!” y me lancé hacia el otro baño. Tiré delicadamente del picaporte, por si acaso y, ¡bingo!

Pues parece que tendría que haberme aguantado mi dolor, porque en cuanto entré al baño, escuché como una de ellas se volvía una Karen, chillando cual banshee desatada. No pude entender lo que decía porque estaba demasiado ocupade gimiendo de dolor mientras hacía mis necesidades, además del hecho de que las puertas son lo suficientemente gruesas como para afectar a la calidad del sonido. Sin embargo, ahí estaba la señora anónima, dejándose los pulmones porque mi dolor me había obligado a hacer algo que, en otras circunstancias, incluso yo habría considerado incívico. Y también me mortificaba la idea de que, quizá, mi novio podría estar siendo la víctima de su furia, y conociendo cómo le afectan los conflictos, sabía que si eso estaba sucediendo no podía ser nada bueno. Sé que fueron como mucho dos minutos, pero se me hicieron eternos.

Al salir del baño, con mucho menos dolor, uno de los empleados me dijo que por favor no volviera a saltarme la cola. Le respondí educadamente y me fui a buscar a mi novio, que afortunadamente había ido a buscar un sitio tan pronto como entré al baño. Aunque me tranquilizó saber que la Karen de turno no había pagado su frustración con él, yo estaba furiose. Porque sé que por mi volumen de voz y mi reacción sería obvio que, efectivamente, necesitaba usar ese baño de forma urgente. Pero claro, a pesar de que quería enfrentarme a la susodicha banshee, cuando salí, ya se había desvanecido. Y, en cuanto encontré nuestra mesa, me senté y empecé a llorar. Estaba colapsando.

Fue horrible. Odio ver la cara de sufrimiento de mi novio cuando estoy mal. Odio cuando me empiezan a dar dolores de cabeza cuando colapso. Odio cuando lloro a mares y todo cuanto deseo en ese momento es coger a quien ha causado mi colapso y mandarle de un buen puñetazo a la luna. Pero sobre todo, odio cuando vivo estas situaciones de mierda porque, al parecer, como no soy usuarie de silla de ruedas, mis dificultades no son vistas como discapacitantes, y por lo tanto me convierto en le maleducade que se coló en los baños.

Esta no es la primera vez que recibo comentarios negativos y desprecios por cómo mi enfermedad me discapacita. No obstante, a día de hoy, afirmo que este es el peor incidente. Ha habido gente que me ha tildado de cochine por eructar en público, cuando mi enfermedad hace que tenga problemas justamente relacionados con eructar demasiado. También ha habido gente que se ha girado con cara de asco. Puedo afirmar que incluso se me acepta más como autista que como discapacitade, y todo porque nada indica claramente que necesito apoyo. A este paso, voy a considerar más seguro ir por la calle moviendo mis brazos como si fuera un polluelo a punto de volar que soltar un eructo, y eso que ser autista en público tampoco es que esté muy bien visto.

¿A dónde quiero llegar con mi historia? Que esto no son incidentes aislados. Quienes vivimos con enfermedades y discapacidades invisibles vivimos así día sí y día también. Por si no fuera suficiente con lidiar con nuestras condiciones, también tenemos que enfrentarnos al trato que recibimos por parte de la sociedad. Debido a que el concepto de discapacidad está fuertemente asociado a quienes usan silla de ruedas, somos blancos más frágiles de sufrir capacitismo. Ojo, no intento decir que les usuaries de sillas de ruedas estén exentes de estos juicios de valor y actos horribles. Elles también tienen su problemática. Pero nosotres también tenemos la nuestra, y cuanto más hablemos de ello, más cambios podremos hacer en la sociedad.

lunes, 13 de enero de 2020

Los aspimachos existen

NdA: El término "aspimacho" no es de mi autoría. Según he podido averiguar, su autoría recae en el usuario de Twitter @uma_noide.

Siento que no soy la persona más adecuada para escribir sobre esto. Muy probablemente porque, al ser gorde, mi belleza nunca ha sido considerada normativa y, por lo tanto, me he salvado de “la horda”. Sin embargo, ya que estoy en el sector más desfavorecido, puede que esta crítica sí que me sea legítima. Sé que no va a ser popular, y que me puede granjear bastante odio por parte de un sector muy determinado, pero me da bastante igual.

Hoy quiero escribir sobre los aspimachos y su única prioridad: mujeres.

Antes de nada, quiero hacer un ejercicio de empatía. La soledad es dura. Y, en el caso de la soledad autista, puede ser aún peor. Los seres humanos somos sociales, y por lo tanto, queremos rodearnos de otres. Este sentimiento se vuelve muy fuerte en la adolescencia, cuando se incrementa la necesidad de pertenecer a un grupo y las hormonas se revolucionan y nos causan un despertar sexual que a veces es muy complicado controlar. Lo entiendo porque yo también he sido une adolescente autista, y sé lo mal que se pasa sintiéndose como un alien porque no puedes congeniar con nadie. Eso sin contar, en mi caso personal, el bullying que sufría ya no solo por ser diferente, si no por mi peso. Vamos, que ser adolescente para mí fue una mierda, y la soledad que sentí por entonces es el factor de más peso en ello.

Aunque en la edad adulta sigo lidiando con ciertas dosis de soledad, el haber encontrado personas afines a mí hace que ya no me sienta tanto como un alien, o no al menos con tanta frecuencia como antes. A pesar de todo, no dejo de ser humane, y tengo momentos en los que siento que necesito intimidad emocional o física con alguien, pero en ese momento no es posible debido a ciertas circunstancias. Sin embargo, aunque ha habido momentos en los que sentía la imperiosa necesidad de desfogarme con alguien, he conseguido satisfacer mis necesidades por mi cuenta, en lugar de ir acosando y molestando a personas que me atraen.

Y aquí, amigues, es donde se me acaba la empatía.

Puedo llegar a comprender el anhelo de querer suplir necesidades emocionales, tales como el sentirse queride y atendide, debe ser escuchado y satisfecho de una manera u otra, sin caer en traspasar las barreras emocionales de otras personas. Pero cuando hablamos de sexo, ya no puedo decir lo mismo. El sexo no es una necesidad vital, ni una obligación fisiológica. Puedes vivir perfectamente sin tenerlo. Entiendo que a veces la entrepierna puede ser molesta y necesitas desahogarte, pero no por ello tienes el derecho de ir molestando a otra gente para lograr tu fin.

Y, en caso de duda, no, tampoco puedes priorizar la falta de sexo en tu lucha social porque pasa y resulta que eres autista.

Centrar toda tu problemática autista en el manidísimo “Es que no tengo novia/no follo” es un reduccionismo brutal hacia toda la causa autista. Sigo diciendo que puedo llegar a entenderlo. Sin embargo, enarbolar este discurso es eclipsar la amplia y complicada problemática que arrastra la comunidad autista, lo que hace que, desde fuera, parezca que nuestra única prioridad es estar más satisfeches romántica y sexualmente, aunque esto no sea algo intrínsecamente malo.

El borrado de la problemática autista no es lo único que es víctima de este enfoque. Debido a nuestras dificultades sociales, aquelles que vivan sus vidas centrades en buscar pareja pueden caer en dinámicas de acoso, que lo único que hacen es alejar aún más a les demás. Por ejemplo, quizá a alguien autista le parezca normal aprovechar cualquier ocasión para enfatizar que no tiene pareja, y que no le importa conocer a alguien. Sin embargo, hacer esto constantemente puede ser interpretado como algo molesto. Y así, muchas más situaciones pequeñas, pero cuyo conjunto está orientado al fin de satisfacer esas necesidades emocionales y sexuales. Como metáfora de lo que intento desarrollar aquí: una persona alista sería más propensa a tocar en la puerta un par de veces y, tras no recibir respuesta, probablemente desista. Quizá lo intente una tercera vez. Pero una persona autista podría intentar abrir la puerta a la fuerza después de no obtener respuesta.

Como escribí al principio, puede que mi análisis no sea el mejor. Siendo no binarie, pansexual y gorde (sobre todo esto último) en su conjunto ha hecho que la población de aspimachos y machos en general me haya ignorado bastante a lo largo de mi vida. A pesar de todo, el no ser considerade normativamente guape no me ha salvado por completo de situaciones en las que no me he sentido para nada a gusto, y puedo afirmar sin temor a equivocarme que todas ellas han venido de hombres.

¿Intento decir que las mujeres y enebés somos inmunes a mostrar estas conductas? ¡No! Sin embargo, no es para nada frecuente escuchar historias de este tipo. En mi caso, afirmo que solo he conocido a una chica que solía hacer este tipo de cosas. En contraposición, puedo decir que mis desencuentros con hombres superan ampliamente los dedos de las manos y pies, y eso teniendo en cuenta que soy relativamente afortunade.

Con todo esto sobre la mesa, puedo afirmar sin temor a equivocarme que esto sucede porque los hombres autistas, al igual que los hombres alistas, caen en el discurso que el patriarcado repite una y otra vez sobre sexualidad y la autonomía corporal de otres (especialmente mujeres), y sienten que tienen derecho a ser deseados sexualmente, lo cual no es un derecho ni una necesidad vital. Y aquí es donde comienzan todos los problemas. Esto es peligrosísimo porque es la puerta de entrada a la ideología incel. Además, en el caso de hombres autistas es un cóctel aún más peligroso debido a la falta de educación afectivosexual que sufrimos como colectivo, además de nuestras dificultades sociales, lo que hace que sea aún más difícil salir de esta dinámica.

Me gustaría poder decir que poseo la solución para que esto deje de pasar, pero como sucede con problemas a gran escala, lo más eficaz es siempre lo más radical, lo cual sería acabar con el patriarcado en sí mismo. Pero como eso no es posible a corto/medio plazo, las únicas acciones que se pueden llevar a cabo son a nivel individual, como reeducar a quienes caen en estas dinámicas. Eso, si quieren escuchar, por supuesto.

No quiero vivir en un mundo en el que tenga que insistir ad nauseam que mi cuerpo me pertenece, y que solo yo decido lo que hacer con él. Autista o no, tengo derecho a poseer autonomía corporal. Y aspimachos o no, esa autonomía debe ser respetada. La mía y la de todes.

Creative Commons

Licencia Creative Commons

NeuroAwesome por Sariel Arjona se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.
Basada en una obra en neuroawesome.blogspot.com.