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viernes, 1 de julio de 2016

La evaluación más corta de la historia

Puedo jurar y juro que el título no es un clickbait. Y digo esto porque estoy convencida de que más de une ha entrado teniendo esa sensación. ¡Pero no! El título refleja exactamente lo que pasó en mi “evaluación inicial” para diagnosticar mi autismo. Y sí, esas comillas tienen una razón. La cosa fue tan, pero que tan básica que realmente debe ser tomado como una evaluación preliminar. ¿Inicial? Pffffffft, qué optimistas.

Mi evaluación constó de dos preguntas. Sí, dos preguntas y a mi casa. Creo que no pasé ni diez minutos en la consulta. Un poco triste teniendo en cuenta que he tenido que darle la tabarra bien fuerte a mi exmédico de cabecera para que me hiciera casito. Os recuerdo que estoy en el Reino Unido y que ahora mismo no sé cómo está el proceso en España, así que no entraré en comparaciones.

La cuestión es que estas dos preguntas sirven para establecer si realmente necesito tener un diagnóstico y ponerme en la lista de espera. ¿Personalmente? Considero que es una manera un tanto clasista y, según qué casos, hasta capacitista, de reducir las abultadas listas de espera por aquí. Pero vamos, yo no debería quejarme muy alto, bastante que me están haciendo caso siendo extranjera, ya que para según que cosas no tengo derechos.

Y allé voy con las preguntas.

¿Qué te hace pensar que eres autista?

Olvidemos el hecho de que tengo un diagnóstico de Asperger en España. Diagnóstico que, para esta gente, debe ser incluso peor que papel mojado. Aunque recordé este hecho en la evaluación para que me tomaran un pelín más en serio.

El caso es que siempre me he sabido diferente. Ya he escrito suficiente sobre mi infancia por aquí, así que no quiero explayarme mucho en este punto. Era una niña que casi tardó más en hablar que en aprender a leer. Aleteaba mis manos de tal forma que parecía que iba a echar a volar en cualquier momento. Era demasiado inteligente. Tanto que aprobé la primaria sin esfuerzo alguno. Esto incluye el no hacer NUNCA los deberes, ya que los consideraba un insulto a mi inteligencia. Era muy tiquismiquis comiendo. Tanto, que fuera del combo pasta-pizza-papas fritas era muy, MUY difícil encontrar algo que me gustara. Y, el punto al que les médiques suelen prestar más atención: no me gustaban les niñes. Estaba mejor sola. Los libros eran mis amigos. Y los gatos. Que vivan los gatos. Y como estos, seguro que hay muchos más detalles por ahí esparcidos que no estoy recogiendo aquí.

También mencioné el hecho que desde que me relaciono con la comunidad autista angloparlante he conseguido darle sentido a muchas cosas que no acababa de comprender por mi cuenta. Algunas de estas cosas son mis problemas de proceso auditivo, el hecho de que detesto ciertos alimentos solo por razones sensoriales e incluso mi preferencia innata por ropa suave y cómoda. Y, por supuesto, la existencia de similitudes entre personas que ya habían sido diagnosticadas y yo hasta en cosas que nunca esperaría, como la presencia de prosopagnosia o discalculia, entre otras muchas cosas.

¿Por qué necesitas ser diagnosticada?

Apufffff, ille. Apufffffffff. Yo lo siento, pero esta pregunta no me acaba de gustar por el tufillo clasista/capacitista que desprende. ¡Como si necesitara una razón concreta para querer que mi neurodivergencia quede reflajada en un papel! Que oye, entiendo que para aquelles que no necesitan soporte y el diagnóstico se limite a la validación de esos sentimientos de ser diferente no salga a cuenta montar todo el drama, y que con la enfermera que pregunta estas cosas diciendo “Pues oye, sí, que eres autista” vale. Pero, opinión personal otra vez, estos casos suelen ser muy pocos.

La cuestión es que yo tengo una gran razón por la que necesito ser diagnosticada en este país. Mi situación no es precisamente buena. Mi última relación sentimental acabó en CATÁSTROFE EN BHAVA-AGRA por el mero hecho de que mi pareja nunca hizo el esfuerzo de aprender sobre mi neurodivergencia y apreciarme con ella, no a pesar de ella. Soy incapaz de encontrar trabajo porque mi proceso social y cognitivo es tan diferente que les empresaries piensan que no soy una persona apta para cubrir sus puestos, a menos que lo haga gratis. Eso por no hablar de cierto caso de capacitismo institucional que me tengo que comer con papas… Tengo techo y comida, sí, pero fuera de eso… *Grillos.mp3*

Sé que me he dejado muchos detalles como mi estrés postraumático autodiagnosticado y mi reciente depresión por toda la porquería que no tengo más remedio que aguantar. Tampoco he mencionado ciertas circunstancias porque no me siento preparada para hablar de ellas públicamente. Pero resumiendo: necesito un diagnóstico porque necesito soporte en este país. Volver a España no es una opción. No tengo a donde volver. Y, aunque pudiera, sé por experiencia que nunca se me daría el soporte que realmente necesito. Por eso, a pesar de estar bastante drenada y cansada por todo, estoy pasando por ese proceso emocional y psicológicamente exigente llamado diagnóstico. ¡Y menos mal que me dejan ir por la sanidad pública!

¿Y qué pasa al final?

Pues después de responder a eso con restregamiento de almuerzo incluido me fui de ahí. Me fui con hambre y con la única certeza de que la persona que realmente tenía que verme está de baja por una operación y que no vuelve hasta agosto. La enfermera dijo que se darían prisa porque entienden que mi caso realmente necesita de un diagnóstico. Pero, y esto es mero instinto gatuno, si se han tomado tres meses desde que el médico de cabecera me derivó a este servicio hasta que me han atendido, a saber cuándo daré el siguiente paso. Pronto no, eso seguro. O eso o esta es una ocasión perfecta para que mi instinto falle.

Detalle: esta enfermera tuvo a bien de recordarme que en una fase del diagnóstico prefieren hablar con les neidres de le sujete en cuestión para corroborar si existen determinados signos de autismo en la infancia. Tengo miedo de que esta gente no me tome en serio por el simple hecho de que tengo poderosísimas razones para no involucrar a mi “familia” en todo esto. He visto gente tirando el proceso de otres por auténticas chorradas como “¡Ay, es capaz de mirar a los ojos, este no puede ser autista!” A adultes, les cuales de una forma u otra hemos sido “programades” para eso. Ay… Espero no estar preocupándome demasiado.

3 comentarios:

  1. En mi país no es tan diferente.
    Cuando tenia unos 12 años un profesor me mandó al neurólogo porque creía que yo era autista, mi madre se escandalizó y negó que eso fuese así. La neuróloga dijo que por ningún motivo yo era autista sino que yo tenia TDA, me dieron un medicamento y a la casa.
    Resulta que el medicamento nunca me hizo ningún efecto y querían aumentar la dosis. Mi madre se negó y nunca volví allí. No fue hasta los 17 años aproximadamente que volvieron a enviarme (Pero por S. de Asperger, creo que fue justo antes de que unificaran todo como TEA) dando un diagnostico positivo pero "leve" (Uf, si supieran...)
    Desde que eso pasó el tema jamás se volvió a hablar, nunca recibí ayuda, nada. No hubo cambio alguno en mi entorno, pero internamente sentía alivio de saber que era lo que me pasaba, pero viví demasiado tiempo dudando el diagnostico.

    Al final, este año he tenido dificultades enormes en educación superior por lo que me enviaron a terapia para superar la ansiedad, en este proceso fue que mi diagnostico se confirmó esta vez sin dudas, pero a diferencia de las malas experiencias anteriores, ahora si estoy recibiendo ayuda. Mi madre esta vez aceptó luego de una charla con la psiquiatra que me ocurría y donde estudio, por lo menos la tutora (Que cumple el rol de una psicopedagoga) me esta ayudando muchísimo en lo académico (Pero no significa que mis problemas hayan desaparecido)
    En lo que respecta al resto de mi familia, mejor ni hablar. Es pan de cada día que su trato conmigo sea cada vez peor.

    De todas formas podría decirse que tuve algo de suerte, ya que acá la gente cree que eso es solo algo de niños (Hombres) y el resto somos invisibles, y que decir de activismo, nada de eso he encontrado por estos lados.

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    1. Es que las diferencias entre unos países y otros no son tan grandes. A menos que metamos a toda África como enorme conjunto continental de por medio, que piensan que les nenes autistas lo son por brujería y ese tipo de cosas. Pero exacto, si hay ayuda es muy a cuentagotas y cuando resulta que es obvio que se necesita. Y no siempre, Yo ahora mismo tengo un riesgo de exclusión social bastante alto y se las pela.

      Y sí, muy de acuerdo con el último párrafo, se piensan que el autismo es cosa de niñOs cis y al resto ni nos miran. Hay que luchar por cambiar eso.

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  2. Yo creo que también soy autista, ya que no entendía a los de mi edad, no me relacionaba con nadie, sólo hablaba con adultos y de hecho, escribí un texto que da pruebas de eso.

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