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sábado, 26 de noviembre de 2022

La rueda atascada

Me he tirado a la piscina… Y me he hostiado contra el fondo, más seco que un bocata de polvorones.

Pues he decidido empezar a mover la rueda que supone obtener un diagnóstico de TDAH en el sistema de salud público inglés, NHS para los amigos. Y técnicamente no he hecho nada y ya estoy hasta mi papo no binario. Genial, ¿verdad?

Por sugerencia de cierte youtuber, decidí hacer uso del Right to Choose, que es tal como suena: les pacientes que vivimos en Inglaterra tenemos derecho a elegir nuestro proveedor para ser tratades. Muchas veces eso puede significar recibir un servicio de calidad equivalente a ir por la vía privada. Con un poco más de espera, pero normalmente menos que la vía pública. Con esa información en mano, relleno los papeles y le paso los archivos a mi suegra para que los imprima.

Y aquí es donde viene la parte divertida. Le di un tercer archivo a mi suegra: mi deed poll. En pocas palabras: es un certificado unilateral que expresa mi voluntad de cambiar mi nombre legalmente. Sin abogados ni nada. Coges una plantilla que esté correctamente redactada, firmas el papel con dos testigos y hala, nombre cambiado. Que sí, que sé que esto no es válido en España, pero como seguramente no vuelva... ¿Qué más da que tenga un pasaporte feúcho con el necrónimo?

La fecha que puse en mis documentos médicos era el 15 de octubre. La fecha de mi deed poll era el 31. Dos semanas más tarde.

Efectivamente, ahora tengo dos papeles médicos con mi necrónimo porque… Entre mis niveles de procrastinación y la imposibilidad de coger una cita con el médico de cabecera hacen que ahora mismo esté muy, muy frustrade.

He intentado pedir una cita en persona, para nada. Porque con toda la movida de la pandemia y la NHS en venta ahora te obligan a rellenar un formulario online, el cual solo suele estar disponible de 8 a 9 de la mañana. ¿Y sabéis quién empieza a trabajar a las ocho exactas? ¡Exacto!

Para poneros en contexto… Cuando fui en persona era el 9 de noviembre, acompañade de mi novia por eso de la ansiedad social. La recepcionista, muy maja, pero no había forma: online sí o sí. Pues la mañana siguiente hice el dichoso formulario, el cual decía que no podrían responderme hasta el día 15.

Y el martes 15 llegó. Silencio total.

Entonces mandé otro formulario en la mañana del 16. Porque lo siento mucho, si alguien cree que mi TDAH va a desaparecer al ignorarlo… Me temo que así no funcionan las neurodivergencias en absoluto. Y no voy a mentir, el mensaje de mi segundo formulario tenía palabras algo menos amables, fruto de mi frustración. Y bum, al fin una respuesta: un médico me respondería… la tarde del 28 de noviembre. Sin más información. Un SMS diciendo eso, ya está.

Y aquí estoy, el sábado antes, que no sé si lo mío es síndrome del impostor, el hecho de que la cita que he ido pidiendo va a ser por teléfono, las cuales ODIO con toda mi alma o quizá el hecho de que sé que yo no me sé explicar por teléfono porque ya lo paso bastante mal intentando entender lo que dice mi interlocutor debido al crujir de fondo que hay en todas las llamadas de teléfono. Sí, ese crujido de fondo que la gente parece ser capaz de ignorar, pero que a mí me dificulta la vida.

Encima como algo me dice que, de ser una llamada de teléfono, mi novia no va a poder apoyarme y poner su granito de arena… Algo me dice que voy a tener que ser muy, muy insistente si quiero empezar a mover la pelota. Y lo triste es que sé que no estoy mentalmente al 100%, así que si me toca un médico gilipollas voy a necesitar muchísima ayuda para volverlo a intentar.

¿Y sabéis qué es lo que más me frustra? Yo podría estar relajándome, jugando al nuevo Pokémon, pero aquí estoy. Intentando averiguar las intenciones de mi centro médico he preguntado en Reddit si se pueden negar a darme cita y… Un señor me ha preguntado que para qué quiero que me diagnostiquen jaja salu2. No sé vosotres, pero no quiero convertirme en le cybergoth del cementerio a mis tiernos 31 añitos, ¿no creéis?

domingo, 6 de noviembre de 2022

Cuando nos echan del armario

Llego tarde, pero más vale tarde que nunca, supongo.

Resulta que el lunes, debido al acoso de ciertes seguidores, el actor Kit Connor, de la serie Heartstoppers, se sintió forzado a salir del armario como bisexual. Si este resumen ya da bastantes escalofríos, dejad que añada un pequeño detalle: Kit tiene 18 años. Es apenas un adulto.

Mirad, como alguien LGBT+, dejad que os diga una cosa: no saquéis a nadie del armario sin su permiso. No hagáis sentir a nadie sentirse forzade a hacerlo. Nunca sabéis lo que podéis trastocar en la vida de esa persona si decidís jugársela. Sé que es un error frecuente, y admito que yo misme lo hice hace mucho tiempo, pero una vez entendí por qué es una idea terrible, paré en seco. No se hace. Sin excepciones.

Ojo, esto no va ya solo por ese grupo de seguidores que, sinceramente, no sé si merecen ese apelativo. Va por esa gente que no entiende por qué esto no está bien. Porque cada uno de nosotres debería tener el poder de controlar su narrativa, y decidir cómo salir del armario, y con quién. Porque tristemente vivimos en una sociedad que hace que este proceso sea algo constante, y muchas veces tenemos que poner nuestra seguridad y bienestar primero, especialmente el colectivo trans.

Es más: dejad que comparta una historia acerca de esto, relativa a mi novia. Y sí, le he preguntado si puedo escribirla justo antes de hacerlo.

Mi novia es una mujer trans. Debido a lo despacio que se toman las cosas en Reino Unido cuando se trata de asuntos trans, mi chica decidió lanzar un GoFundMe para poder iniciar su transición médica a través de un servicio privado. Así, decidió compartir el enlace en su perfil de Facebook… Sin darse cuenta de que era accesible para cualquiera durante un buen puñado de minutos.

Tan pronto como me di cuenta, decidí advertirle. Pero sin saberlo, el daño estaba hecho.

Antes de que siga, dejad que os hable de mi cuñao. Escrito así porque el señoro es un cuñao literal. Si este chico fuera un Pokémon, sería de tipo veneno. Él nunca me ha aceptado como le novie de su hermana. Probablemente porque, en lugar de mantenerle dependiente a él, todo cuando hago es empoderar a mi novia, y eso le molesta. Tanto, que proyecta su toxicidad y sus complejos en mí. Podría explayarme, pero no creo que sea necesario.

El caso: hubo un algo que hizo que mi novia se andara con muchos remilgos a contarle a su hermano que en realidad ella era una chica. Ese algo fue el hecho de que soy no binarie. Su forma de preguntar fue lo que disparó nuestras alarmas. ¿¿¿ES SARIEL TRANNNNSSSSSS???????? Sí, como si fuera algo malo, o extraño. Nos hizo sentir bastante mal, a pesar de que nunca le debí explicaciones al cuñao.

Volvamos a la historia. Un buen (y desinformadísimo) samaritano vio el GoFundMe de mi novia, así que decidió sacar capturas de pantalla y pasárselas al susodicho cuñao. Y bueno, nos explotó en la cara.

Cuñao, comportándose como tal, cogió las noticias y, sin dudarlo ni un instante, lo habló con sus padres y su otra hermana. Los padres lo sabían, pero no la hermana pequeña.

Y así, amiwis que estáis leyendo esto, mi señor cuñao le hizo todo esto a mi novia:

  • Le quitó la oportunidad de salir del armario en sus términos con su hermana pequeña, la cual parece ser bastante positiva.
  • Intentó detener la transición de mi novia dándole el “chivatazo” a sus padres, cuando mi suegra simplemente lo acepta. Mi suegro… Bueno, le toca aceptarlo, supongo.
  • Puso en peligro su seguridad personal. Porque todes sabemos cómo de bien trata la sociedad a las mujeres trans, ¿verdad? /s

Y así, mi novia decidió que ya tenía suficiente. Esta fue la gota que colmó el vaso. Mi novia se niega a retomar el contacto con su hermano a menos que se disculpe por esto. ¿Creéis que lo ha intentado? Yo creo que ni siquiera entiende que con esto ha metido la pata hasta el fondo.

El caso: mirad, estamos muy cansades de decirlo. Dejad que seamos nosotres quiénes estemos en control de nuestra propia narrativa. Porque nuestres adres nos pueden dar la patada, porque nos pueden echar de nuestros trabajos (aunque en muchos sitios sea ilegal) e incluso peor. ¿Es tan difícil?

Y si la persona involucrada es un menor, ¡silencio total! No hemos oído nada, no sabemos nada. ¿De acuerdo?

domingo, 30 de octubre de 2022

Mi historia de acoso laboral

Es complicado enfrentarse a la página en blanco cuando lo que quieres escribir no es precisamente amable. No obstante, pienso que cuanta más gente hable de estas experiencias, más fácil será para aquelles que opten por soluciones más drásticas, como acudir a la vía legal, por ejemplo.

Es una verdad muy incómoda, pero no por ello menos cierta: les autistas somos más propenses a sufrir acoso laboral. Aunque las estadísticas son muy variables dependiendo de la fuente, se estima que entre un 17% y un 33% de les autistas adultes han sufrido alguna vez acoso laboral. Si la tasa de desempleo entre la población autista ya es my preocupante, si le añadimos el hecho de que tienes al menos una entre seis probabilidades de que no te traten bien en el trabajo, ¿para qué esforzarse?

Sé que algunes de les que estáis leyendo este artículo estáis pensando que no nos queda otra que apechugar, por eso del capitalismo y el hecho de que estamos prácticamente forzades a trabajar. Lo sé, y estoy de acuerdo. Lo ideal sería mandar el capitalismo bien lejos, pero como no creo que eso vaya a pasar a corto plazo, lo mejor es hacer la tortura más soportable, ¿verdad?

Por eso quiero escribir sobre mi experiencia personal. No sólo porque me va a ayudar a sentir mejor, a racionalizar que lo que ha pasado no es culpa mía. Esto también puede ayudar a quiénes leáis esto. Porque el bullying no siempre es tan obvio como lo pintan. Además, el hecho de que he esperado suficiente tiempo desde que los hechos sucedieron hasta ahora, cuando ya no tengo vinculación alguna con la franquicia y la marca, me permiten escribir libremente sin temor a consecuencias legales.

De todas formas, por razones espero que obvias, no pondré nombres reales. Aunque en estos casos soy partidarie del name&shame, no creo que aporte mucho a la conversación saber quién es fulanito o en qué restaurante ha pasado lo que voy a contar. A menos claro, que alguien que resulte vivir cerca de mí necesite esa información. En ese caso, no me importa responder a dudas en privado.

Y, antes de empezar, un consejo basado en mi propia experiencia, y aderezado con algo de experiencia personal de mi novia. ¿Eres autista? ¡Ni se te ocurra trabajar en comida rapida! ¡No, no, jamás de los jamases! ¿Me oyes? Espero que sí.

Por fin, entremos en la historia…

Eran principios de 2017, y era el final de una época de mierda. Lo poco que quiero contar públicamente es que, por querer ayudar a una señora que era medio-amiga (!!!) de una vieja amistad, me vi metide en un lío de tres pares de cojones. Y creedme: el hecho de que use tal vulgaridad en formato escrito está más que justificado. Necesitaba un trabajo, para ayer. El no encontrar trabajo significaba volver a la casilla uno, que era estar atascade en Blackpool. Una situación bastante mala, la verdad.

Y encontré un trabajo, por lo que pude quedarme en Manchester por mi propio mérito. Obviamente, no de la mejor manera posible, pero eh, mejor que en Blackpool. 2017 no fue tan mal año, a decir verdad, pero las cosas iban a cambiar para el año siguiente.

Ciertas malas decisiones empresariales llevaron a la franquicia que operaba el restaurante donde trabajaba a volverse la versión de AliExpress del Señor Cangrejo. Y debido a la tacañería mostrada, algunes de mis mejores compañeres encontraron mejores trabajos. Incluyendo el que fue mi gerente hasta entonces. Debido a eso, el que fue por entonces su ayudante fue ascendido a gerente. Pues ese fue el detonante.

¿Habéis oído la típica historia del encargado que está más o menos bien y se vuelve un capullo una vez le ascienden? Pues es exactamente lo que había pasado en este caso. El dichoso Ahmed dio un giro de 180 grados.

El primer detalle llamativo es que, antes de que Ahmed fuera gerente, nuestro equipo era bastante diverso, con chiques de diferentes países y edades. Pero una vez fue ascendido, casi sin darnos cuenta, quitándonos a quiénes habíamos sido contratades con anterioridad, nuestro equipo se volvió predominantemente un club de chiques de instituto provenientes de Oriente Medio y Asia. Y para añadir más sal a la herida, fueron estes chiques quienes se llevaban el trato de favor.

Lo diré claramente: Ahmed estaba beneficiando a aquelles que compartían origen y religión con él. Yo, le autista, no binarie, y por entonces agnóstique era quien estaba más en el punto de mira. Y para hacer las cosas aún peores para mí, mis problemas de salud estaban empezando a salir en forma de excesivos viajes al baño.

Como dato curioso, la única persona no asiática contratada por Ahmed fue un chico polaco, que también estaba en sus años de instituto. Para quiénes no viváis en Reino Unido, hay una razón de peso por la que nuestra plantilla estaba siendo rejuvenecida a la fuerza: el salario mínimo para menores de 18 años apenas pasaba de las cuatro libras por hora en 2018. En cambio para mí, al ser mayor de 25 años, estaba cobrando casi el doble. Por hacer exactamente el mismo trabajo. Injustísimo, como poco.

Antes de que el 2019 llegara, recuerdo que nuestro restaurante necesitaba ascender a alguien con urgencia, por eso de que compañeres que habían sido importantes para mantener el negocio rodando habían encontrado mejores trabajos. Llegaron hasta el punto de pedirnos en una reunión que, quienquiera que estuviera interesade, que hablara con el equipo. Bien, yo no hablé directamente con Ahmed, pero sí con alguien que podía actuar como encargade. Y directamente me dijo que ni de broma, que ya habían hablado sobre mí y yo, simplemente no sería considerade por… ¡Mis problemas de salud! Lo cual, por cierto, es ilegal en Reino Unido. Pero, ¿sabéis qué? Ahora, varios años después, sé que al final fue la decisión correcta para mí, no para el restaurante.

Y así acabó 2018, Ahmed estaba enseñando sus colores, pero la situación era moderadamente soportable. Hasta que el siguiente año empezó.

La franquicia, tratando de exprimir aún más cada penique, seguía recortando el presupuesto que cada restaurante tenía disponible, incluido el nuestro. Y eso se reflejó en un problema que hizo que empezara a pensar muy seriamente en cambiar de trabajo. Cada viernes, éramos las cuatro mismas personas trabajando el mismo turno. Esto estaría bien un día laboral, pero los viernes y sábados eran los días que, sin importar cómo nos organizáramos, todo se iba a la ir a la mierda por una razón muy sencilla: nos faltaban manos. Y yo me estaba llevando la peor parte por algo que Ahmed había heredado del gerente anterior, y que no estaba dispuesto a cambiar.

Veréis, aunque realmente no tengo quejas del viejo gerente, lo cierto es que su manera de organizar sus empleados era, cuanto menos, sexista. Resumiendo y simplificando mucho, si eres una chica, vas a caja. Si eres un chico, vas a la cocina. ¿Y qué pasa si no se te da bien lo tuyo, no te gusta o simplemente no entras en el binario?

Según Ahmed, te jodes. Que nunca ha usado esas palabras en mi cara, pero entendéis el mensaje.

Así que ahí estaba yo, cada puñetero viernes en la caja, aguantando a tíos siendo unos babosos de mierda y teniendo que hacer el trabajo de dos, e incluso tres personas yo sole. Debido a ese estrés, yo lo estaba pasando mentalmente fatal, lo que me hacía sentir más dolor y malestar por mi enfermedad. Además, mi manera de “soportar” ese estrés era también recurrir a hablar como un marinero. Como os podéis imaginar, eso último no es precisamente bueno cuando te fuerzan a trabajar de cara al público.

Ojo, no estoy intentando echar mierda a mis compañeres: elles también estaban muy ocupados con el auto-servicio. El susodicho recibió quejas tanto nuestras como de clientes, enfadades porque podíamos tirarnos hasta media hora desde que entran por la puerta hasta que le dan el primer bocado a su comida. Sí, media hora en un restaurante de comida rápida. E incluso sabiendo lo mucho que Ahmed priorizaba las quejas de clientes, nunca hizo nada. Recuerdo que alrededor de febrero actualicé mi currículum y empecé a buscar trabajo. Cualquier trabajo que no implicara trabajar de cara al público. Pero no hubo suerte.

¿Recordáis cuando Ahmed estaba pidiéndonos que nos ofreciéramos voluntaries para ser ascendides a encargades? Bueno, amiwis, dejad que os cuente algo que nunca fue un secreto: aquella súplica fue un paripé, porque había elegido a un chico a dedo, sin considerar a nadie más. Pero debido a que ese chico se vio envuelto en dos sucesos violentos, uno de ellos con clientes involucrados, Ahmed se vio forzado a no ofrecerle la promoción a ese chico. Y por eso la franquicia decidió buscarse la vida y traer a alguien para ayudarle: Cecil.

Cecil ha sido probablemente el mejor superior que he tenido mientras trabajaba para ese restaurante. Él fue el primero en respetar mi nombre y en entender que yo realmente no sirvo para trabajar de cara al público. Soy demasiado crude y directe para ello. Él nunca me pidió cosas como mi pasaporte para llamarme por mi nombre, o mi diagnóstico para entender que soy autista, y ergo, necesito ayuda en ciertas cosas.

La única tara de Cecil es que siempre intentaba ver las cosas desde todos los ángulos posibles. Os preguntaréis cómo puedo decir que esta cualidad es mala, y comprendo vuestro punto. Pero en una situación en la que tenemos un gerente que se está pasando de la raya con varias personas, tener a alguien que puede simpatizar con Ahmed no es bueno, a pesar de todas sus buenas cualidades, que son muchas. No obstante, ¿puedo culpar a Cecil de esto? Absolutamente no.

A pesar de que las cosas realmente no cambiaron mucho hasta verano, Cecil estaba haciendo lo mejor posible para que el restaurante no se fuera a pique. Se ganó el cariño de todes les que trabajábamos ahí, y el ambiente mejoró muchísimo gracias a él.

Sin embargo, mi salud mental empezó a decaer. A pesar de que 2019 no fue un mal año, ya que fue cuando conocí a mi pareja, hubo muchas cosas que hicieron la situación en el plano laboral volverse un agujero negro de porquería. Resumiendo las cosas que Ahmed hacía y decía:
  • Usaba mi necrónimo. Constantemente. Y no importaba cómo de educadamente le corrigiera o hubiera otres compañeres llamándole la atención: el tío no rectificaba, hasta el punto de que un día dijo literalmente: “Te llamaré Sariel el día que tu pasaporte tenga ese nombre”.
  • Hacía luz de gas todo el tiempo para salvarse el culo. El peor ejemplo es cuando le dijo a una chica que él no había cambiado los turnos de esa semana, para que ella le mostrara capturas de pantalla hechas por su hermana, quien también trabajaba en el restaurante, que probaban que Ahmed sí había hecho cambios. ¡Ooooops!
  • Si cometes errores que, a sus ojos, son imperdonables, por pequeños que sean, te amenazaba con despedirte. Porque no hay nada mejor para mantener al equipo motivado que el uso de amenazas, yaaaaaaay.
Sin embargo, hubo dos incidentes que cambiaron las cosas a mejor, aunque no recuerdo el orden de los mismos. Creo que pasaron en días consecutivos, pero os pido que no os fiéis de mi memoria, ya que sólo sé que pasó en verano. Probablemente junio o julio.

Aquí le menda sabía que empezaba a trabajar a las doce, por lo que noche anterior me lo tomé con calma y me fui a dormir de tranquis. Todo correcto hasta que me despierto a las nueve y media, de forma aleatoria, con una alarma de Google Calendar. Y ahí estaba: un recordatorio de que mi turno empezaba a las diez. Y yo, teniendo el mal despertar que tengo cuando me despierto por sorpresa, me enfado, y mucho. Que sí, que vivía cerca y llegué “sólo” diez minutos tarde, creo recordar.

Aunque yo sabía que el turno había sido cambiado, decidí ir de buenas a preguntarle a Ahmed. ¡Y el señor, cómo no, me mintió en mi cara bonita! Y a pesar de que yo tenía pruebas de que estaba mintiendo, el muy descarado siguió haciéndome luz de gas. Tremendo valor tienen algunos, la verdad.

Al final admitió que había cambiado el turno porque une de les chiques tenía un examen y necesitaba más tiempo para estudiar. Claro, querido Ahmed, pero intentaste hacer los cambios a medianoche. Maravillosa jugada.

Pero no acaba ahí. Yo terminaba a las cinco. Y ahí estaba, cual Calamardo cansade de la vida, queriendo irme a casa. Hasta que Ashley, el chico que estaba llevando el turno de noche viene y me dice que quien se supone que tiene que venir no puede porque… ¡Ahmed le puso el turno sin avisar! Al final, este chico me deja irme a casa a las seis después de encontrarme un relevo preguntando por Whatsapp. ¡Gracias, Ashley!

Y el otro incidente, por suerte, no es tan fuerte como el anterior, pero a mí me tocó la fibra. Veréis, algune iluminade pensó que poner hielo en cubos enormes y ponerlos en la cámara frigorífica sería una buena idea. Para poder limpiar la máquina de hielo, claro está. ¿Problema? Veréis, esos cubitos de hielo estuvieron fuera el suficiente tiempo para que se derritieran ligeramente, y una vez los cubos fueron puestos en la cámara frigorífica, los cubitos de hielo que contenían se convirtieron en pedazos de hielo. Y una vez se nos acabó el hielo en las máquinas de bebidas, hubo un pobre alma que tuvo que ir a coger esos cubos. Yo fui esa alma.

Tratando de romper esos pedazos, me hice daño en el meñique, y bueno, se me escaparon un par de palabras feas. Bien, pues por esa memez se me llamó la atención. Que hey, yo me podría haber roto el meñique con el dichoso hielo o algo, pero lo más importante era mantener mi boca de marinero bien cerrada. Maravilloso.

Pues cosas como estos dos incidentes me sentaron como el culo, y peor. Y decidí hacer una locura: sentarme a hablar, como adultes, con el jefe de área. A explicarle toda la movida que teníamos en el restaurante. Y así, sin saberlo hasta más tarde, me estaba uniendo al club de personas que se habían estado quejando de Ahmed y su forma de hacer las cosas.

Lo que fue un poco decepcionante es que nuestros superiores mostraron más preocupación por algo que haría al Señor Cangrejo parecer un alma caritativa. Veréis, había llegado a nuestros oídos que Ahmed, en lugar de tener salario de gerente, había decidido mantener el sueldo de encargado, que en teoría era inferior al salario. En teoría, hasta que el señor se daba a sí mismo 50/60 horas cada semana, lo cual resultaba en una paga bastante abultada cada viernes. Mientras tanto, al restaurante le faltaban manos.

Y así fue como Cecil se volvió el nuevo manager. Ahmed se negó a cambiar sus condiciones de pago y perdió su puesto de gerente. ¡Ooooops!

Creeréis que las cosas fueron a mejor… Y sí, Ahmed estuvo callado y cabizbajo un par de semanas, pero cuando vio que, a pesar de todo, Cecil estaba siendo presionando por los superiores por razones económicas, el señor volvió a las andadas, e incluso peor.

¿Recordáis mis problemas de salud y los chorrocientos viajes al baño? Bien, amiwis, el señor Ahmed no dudaba en aprovechar cada ocasión posible para señalarme por ello. A pesar de que cada vez que se quejaba, mi respuesta era: “Oye, si quieres, hablo con mi médico y te enseño los papeles que prueban que mi problema está ahí, ¿vale?” Y el señor nunca quería pruebas. Porque claro, es más fácil señalarme como vague que aceptar que, quizá, sí que tenía problemas de salud que se estaban volviendo discapacitantes.

Y no solo eso, problemas que habían estado ahí se volvieron mucho más frecuentes y evidentes. Como el microgestionarme a la mínima oportunidad, tratarme de forma menos favorable e incluso obligándome a llevar una pequeña placa con mi necrónimo porque “todo el mundo lleva una”. Cuando la mitad de la gente pasaba del asunto. Genial todo.

Que sí, a pesar de que Cecil había conseguido quitarme de las cajas en los momentos en los que era menos capaz de lidiar con la sobrecarga (tanto sensorial como laboral), era como si nunca pudiera ver cómo de mal me estaba tratando Ahmed. Pero al menos determinados aspectos mejoraron, como el número de horas trabajadas por semana.

Fueron, unos meses fáciles, hasta que en noviembre nos cae el jarro de agua fría de que nuestros superiores de la franquicia decidieron trasladar a Cecil de restaurante, y a nosotros nos iba a llegar un gerente nuevo. Y ahí fue cuando todo explotó de una forma bestial.

Este nuevo gerente, al que llamaré Butch, era un vago. Tan vago que podrías buscar “vago” en Google y te saldría su foto en la primera fila. Lo cual se tradujo en: Ahmed volvía a estar a cargo de cosas como hacer los horarios, algo que no debería volver a hacer bajo ningún concepto. Y sin Cecil alrededor, se creció aún más en sus desprecios.

Para colmo, nadie salvo yo misme se había molestado a sentarse con Butch cinco minutos y decirle claramente: “Oye, Sariel es autista. Lo pasa fatal en cajas, pero si le dejas que haga cosas en cocina se las apaña bien”. Nadie lo hizo, y no mucho más tarde tuve un colapso mental. No sólo un colapso autista, ojo. Un colapso mental tan malo que apenas recuerdo nada de él. Lo que sí recuerdo es que estuve extremadamente cansade después, lo cual me pasa cuando exploto.

Fue tras ese colapso en el que me di cuenta que no tenía sentido que siguiera intentando cambiar la situación a mejor. Me sentía sole y aislade, a pesar de que Ahmed le hacía la vida imposible a varies de mis compañeres no musulmanes. Yo ya tenía suficiente con estar enferme de algo que había tomado meses, o incluso años, en ser diagnosticado, y que en ese momento estaba empeorando vertiginosamente debido a mi precario estado mental. Porque sí, a pesar de que estaba intentando encontrar terapia para llevar mejor la situación, no todo es sentarme a hablar de cómo me siento, especialmente en casos como el mío. Si las cosas no cambiaban y yo seguía empeorando, me había dicho de ir al médico y pedir la baja. Total, en teoría por lo mío ningún doctor debería dudar de mi palabra, ¿verdad?

Bueno, pues a principios de diciembre casi tuve otro colapso. Digo casi porque mi novia me dijo claramente que si sentía venir otro colapso mental como el anterior, que ni me lo pensara y le llamara. Sí, mi novia, también autista, que odia las llamadas de teléfono casi tanto como yo. ¿Qué me hizo perder los papeles esta vez? Butch esperaba que pudiera hacer el trabajo de tres personas sin darme la oportunidad de hacerlo a mi ritmo, el cual no era su velocidad deseada. Vamos, algo que nunca se le debería hacer a alguien autista. Y claro, ahí cortocircuité, o casi, porque grité que yo así no podía trabajar y que me largaba, mientras me desahogaba con mi novia al otro lado de la línea.

Aunque este colapso no fue tan malo como el primero, recuerdo que, ese viernes por la noche, todo cuanto quería era beber zumo de naranja y comer muchos dulces (resumiendo: azúcar). Recuerdo haberme pasado una hora en el Tesco que tenía cerca hablando a grito pelado, desahogándome de Ahmed, de Butch y de cualquiera que me estaba contrariando allá por finales de 2019.

Lo que sí sé es que, a pesar de que pasé un buen fin de semana con mi novia, yo no estaba mentalmente recuperade. Recuerdo sentir ansiedad por el lunes porque sabía que Ahmed estaría haciendo el mismo turno que yo, y conociéndole, tenía la corazonada de que intentaría provocarme otro colapso para justificar el despedirme. O, al menos, ser él mismo, lo cual tampoco era muy bueno.

Recuerdo ese lunes. 9 de diciembre de 2019. Lo recuerdo porque, en resumidas cuentas, tuve una decepción con algo relacionado con uno de mis intereses especiales. Y todo porque me dije “Debería irme a dormir, que trabajo. Y si no duermo bien no estaré mentalmente estable”. Por eso, digamos que me quedé dormide para algo que es importante para mí. Entonces lo supe: si iba a trabajar, iba a tener otro colapso. Le iba a dar cartas a Ahmed para joderme aún más. Y ahí estaba, a las seis de la mañana, preguntando en Twitter si debería ir al médico y pedir la baja. En retrospectiva, me doy cuenta de que eso era una pregunta retórica, pero por entonces estaba tan jodide mentalmente que necesitaba validación.

Y lo hice. Dije que en Whatsapp que no estaba en condiciones físicas o mentales para continuar trabajando, y que ese mismo día entregaría mi baja. Mi médico instantáneamente me dio la baja, porque sabía de sobra que mi condición solo podría mejorar si me operaban.

Mi baja no fue el final de mis enfados con Ahmed o Butch. Debido a la suma incompetencia de ambos, tuve que ir varias veces al restaurante a pedirles que tramitaran mi baja correctamente, porque no estaba siendo pagade. Pero, para bien o para mal, cuando el covid llegó cuatro meses más tarde pude tramitar yo misme mi baja directamente con recursos humanos.

Así, silenciosamente, dejé el grupo de Whatsapp, respondía a cada correo electrónico de recursos humanos con algo a lo “lo siento, me han cancelado la operación, no sé cuándo volveré a estar disponible” y, sencillamente, tenía la mente y el corazón puestos en la idea de que nunca, jamás de los jamases volvería a trabajar para ese restaurante, o comida rápida en general. Mi salud mental y mi cordura valen mucho más que eso.

Sé que es un final un tanto anticlimático, especialmente porque no tomé notas de cada vez que Ahmed se pasaba de la raya conmigo o tomé suficientes capturas de pantalla para probar los múltiples chanchullos que han pasado. Porque no os engañéis: varies compañeres y yo sabemos de ciertos sucesos ilegales, pero no fuimos lo suficientemente perspicaces de conseguir pruebas para ir a la vía legal.

Sin embargo: dejad que os diga una cosa. Una de las amenazas favoritas de Ahmed era: “¿Y a ti quién te va a dar trabajo con esa actitud?” Sí, implicando que solo él me estaba dando esa oportunidad. Bueno, pues una vez me recuperé de la operación y estuve liste para trabajar encontré el trabajo perfecto para mí. En tiempo récord. En un pueblo más pequeño que Manchester. Eso fue hará casi dos años, y sigo trabajando ahí. En mi trabajo actual se me respeta y se me valora, y como sé lo que me hago se me deja bastante a mi bola. Y sí, es cierto que mi salud mental no está perfecta, pero echando la vista atrás sé que ahora mismo estoy mucho mejor que en 2019.

En cambio, sé que Ahmed acabó por ser despedido. No sé absolutamente nada del cómo. Sé que debido a su trato hacia otres se ganó el estar en su última advertencia, y eso fue antes de que Cecil fuera trasladado. Eso sumado al hecho de que su abuso hacia ciertos compañeres se volvió más vicioso una vez necesité la baja, podrían explicar por qué ya no trabaja ahí. Sinceramente, no me da la gana gastarme unas 30 libras en trasporte para ir ahí y comprobarlo.

Si hay algo en claro que puedo sacar de esta historia es: si sientes que te están tratando mal y estás en un ambiente tóxico: LÁRGATE. En serio, no intentes cambiar las cosas, porque acabarás por absorber esa toxicidad y volverte casi tan male como la fuente de toxicidad. Lo sé porque yo me volví así intentando buscar la simpatía y el apoyo de los demás, y me sabe fatal ser consciente de que reproducí cierta toxicidad en mi ambiente laboral.

El otro consejo que puedo dar es, si sentís que podéis lidiar con todo el estrés y queréis que haya consecuencias legales, ¡tomad notas! ¿Fulanite dice homofobadas a tu alrededor sabiendo que eres gay? Bueno, pues cada vez que lo haga, tú apuntas fecha, hora y lo que ha hecho. ¿Menganite está jugando a favoritos? Vale, esto es más complicado, pero quizá necesites guardarte rotas, por ejemplo. ¿Zutanite no se toma la seguridad alimenticia en serio? Otra vez, apunta fecha y hora y lo que ha hecho. Consigue documentación. A más pruebas tengas, más fácil lo tendrás para tener un caso. Y créeme, hay abogados laboralistas muy buenos ahí fuera.

Por último, pero no menos importante… Mirad, si tenéis la energía y las habilidades sociales, acudid a los sindicatos. Que sí, que en Reino Unido los sindicatos sudan muchísimo de les trabajadores de comida rápida y es muy difícil colectivizar un sector tan volátil debido a la alta precariedad del mismo, pero chiques, no olvidéis que prácticamente todos los derechos laborales que tenemos vienen de sindicatos plantando cara. Hablad con vuestres compañeres. Hacedles ver que hay solución. Yo lo intenté y fallé porque no tengo ese encanto social. Pero otres podríais intentarlo.

Me he dejado muchas cosas en el tintero porque, a más escribía, más me estaba dando cuenta de que este texto iba a ser muy largo, y a pesar de que esto lo estoy escribiendo para asimilar que no es culpa mía, tampoco quiero que sea algo que caiga ignorado. Pero lo importante es que estas cosas pasan, y a más voces se alcen, más fácil será parar esta lacra.

miércoles, 26 de octubre de 2022

La jeta de Hellena

TW: SUICIDIO

Cuando Quevedo escribió “Poderoso caballero es Don Dinero”, seguro que no se imaginaba que su poema, después de varios siglos, seguiría siendo relevante. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad donde el dinero lo es prácticamente todo, lo cual es bastante malo, y es que casi todas las fechorías que existen ahí afuera tienen una razón de ser: dinero.

La raíz de lo que voy a escribir sigue siendo el susodicho dinero. Más concretamente, una disputa salarial. Pero no me malinterpretéis, la disputa salarial en realidad es lo menos importante. Espero que sepáis por dónde intento ir.

A modo de resumen: hace unos días una actriz de doblaje, Hellena Taylor, se hizo viral por unos vídeos publicados en su cuenta de Twitter. En esos vídeos hablaba de la “ofensiva oferta” de darle voz a Bayonetta en la nueva entrega de la saga. Según Hellena, la oferta de empleo era poner su voz en todo el juego a cambio de 4.000 dólares americanos. Por eso, sugirió que Bayonetta 3 debería ser boicoteado, y el dinero que habría ido destinado a comprar el juego debería haber sido donado a alguna ONG.

Después de que varios medios especializados desmintieran su versión de los hechos, la actriz ha admitido que la oferta real era de 15.000 dólares. También ha dicho que todo esto es una maniobra de la desarrolladora, Platinum Games. Además, ella dijo que publicaría una lista de las 14 ONGs a las que los fans podrían donar, como sugerencia para apoyar su boicot.

Tal lista aún no ha sido publicada en el momento de redactar este escrito, dos días después de las últimas palabras de Hellena.

Hay muchas cosas que están mal en esta situación. Resumiendo el contenido de los tres vídeos que se hicieron virales, la actriz no solo está molesta con la oferta. Está molesta con la compañía que ha desarrollado Bayonetta, está molesta con Nintendo e incluso está molesta con la actriz que ha tomado su puesto. Esto último es cuanto menos curioso, porque Hellena cita como una de las razones para apoyar el boicot el hecho de que los actores de doblaje merecen más respeto y una mejor remuneración. Entonces, ¿por qué hablar de Jennifer Hale de esa manera?

Y sí, hay una razón por la que estoy escribiendo esto en NeuroAwesome.

Hellena dijo lo siguiente en su segundo vídeo: “he sufrido depresión y ansiedad, me he preocupado de verme en la calle, y eso me asustó tanto que tuve pensamientos suicidas”.

Bien, en principio no tendría problema con esta frase. Al fin y al cabo, es una persona hablando de sus dificultades mentales en un mundo donde, si no trabajas o no te valoran lo suficiente, este tipo de cosas suceden. ¿Cuál es el problema, entonces? Bien, estamos hablando de una persona que, valiéndose de mentiras por omisión, que ella misma ha admitido, ha tratado de instrumentalizar su precaria salud mental para ganarse la compasión de los seguidores de Bayonetta, como une servidore.

Mirad, soltar la frasecita “he tenido pensamientos suicidas” para dar pena no sólo es más feo que pegarle a un padre. Es minimizar a todes aquelles que hemos perdido por culpa de esto, a todes les que lo han intentado y han vivido para contarlo e incluso a quiénes nos lo hemos planteado muy seriamente. El suicidio no es un chiste: es un problema muy serio.

Tengo dos razones muy personales por las que esta trivialización del suicido me indigna. La primera: mi abuelo materno decidió quitarse la vida cuando sintió que su existencia ya no valía la pena. Debido a que esto pasó antes de que yo naciera, no sé muy bien los detalles. Aparte, el hecho de que esta conversación sea tabú dentro de mi propia ex-familia complica mucho las cosas.

La segunda razón es la que más me concierne. Para aquelles que no me conocen muy bien, estuve sufriendo diverticulitis complicada entre 2018 y 2021. Mi salud empeoró drásticamente a finales de 2019, hasta el punto que tuve que dejar de trabajar. Mis médicos estuvieron presionando a mi hospital para que me operaran, ya que era el único tratamiento que podía ayudarme. Por desgracia, debido a la llegada del covid, tal operación fue oficialmente cancelada en marzo de 2020. Entonces me quise morir. Estaba planeando cómo morir de forma rápida y sin dolor, porque ya estaba harte de sufrir, de sentirme inútil, de ser incapaz de comer, de tener que tomar una retahíla de medicación religiosamente solo para no morirme. Pero me estaba muriendo igual.

Yo no estaría escribiendo estas líneas de ser por mi novia. Y joder qué aguante, porque no me operaron hasta enero de 2021. Aguanté desde abril hasta enero sin que me diera el chungo de decir “A tomar por culo”. Creedme cuando os digo que me pasaron cosas muy mierdosas que podrían haberlo causado. Pero lo aguanté de alguna manera, y me alegro de haber aguantado.

¿A dónde quiero ir con mi experiencia personal? Escribir estas líneas no ha sido fácil. Saber que he estado a nada de intentarlo tampoco lo es. Y nunca, pero nunca, tendría los santos bemoles de usar mi sufrimiento de esta forma. Y encima mintiendo, como se ha demostrado en el caso de Hellena. Porque, si por lo menos, resultara que estaba diciendo la verdad, al menos se le podría perdonar. Sin embargo, después de que incluso ella misma haya admitido que ha mentido, ese “he tenido pensamientos suicidas” no son sólo palabras: es una instrumentalización de un problema muy serio, y del que no quiero ni necesito pruebas para saber que alguien cercane a cualquiera que esté leyendo esto lo esté sufriendo, de una forma u otra. Especialmente si es alguien autista, ya que tenemos entre 9 y 12 veces más probabilidades de morir así.

Las acciones de Hellena no solo han dañado a sus compañeres de profesión, les cuales lo van a tener más difícil a la hora de hablar de la precariedad de su sector. Sus palabras también están dañando a aquelles que vivimos con problemas de salud mental. Declaraciones como las suyas hacen que se nos tome menos en serio cuando decidimos hablar de lo que nos pasa. Y al final perdemos todes.

No instrumentalicéis el suicidio, por favor. Nunca sabéis a quiénes podéis estar empujando al límite.

¿Queréis que añada algo que hace todo esto mucho peor? Bueno, pues mientras escribía esto he encontrado un tuit con capturas de pantalla que prueban que Hellena Taylor es racista y tránsfoba. Puagh.

Actualización: 29 de octubre de 2022, 21:30 (hora de Canarias/Londres)

De las 14 ONGs publicadas por Hellena Taylor ayer en su Twitter, cuatro de ellas apoyan ideario antiabortista, según fuentes especializadas. Las ONGs problemáticas son Billboards for Life, St. Monica Church, Aid to the Church in Need UK y Missionaries of Charity.

De hecho, otra fuente se centra exclusivamente en Billboards for Life.

Mi conclusión personal es que, tratando de conseguir un mejor salario, del cual no puedo opinar con conocimiento porque no pertenezco a la industria, Hellena se ha mostrado a favor de valores bastante retrógrados, lo cual ha enfadado a muches fans de la saga (yo misme incluíde) por ser el extremo opuesto al personaje que estuvo dando voz.

domingo, 23 de octubre de 2022

Oye, mamá, eres autista

Llevo días pensando en si debería hacer esto, ¿y sabes qué? Debería. Pero no por ti, mamá. Sinceramente, no espero que encuentres esta carta abierta. Porque si lo haces, voy a tener que plantearme muy seriamente cómo de eficaz está siendo mi estrategia de bloquear cualquier cuenta de red social que me sea sospechosa. No obstante, sabiendo lo mucho que me has despreciado desde siempre, también puedo decir con casi total seguridad que no has intentado buscarme. Ni un poquito. Y mejor así.

Hay una verdad que deberías empezar a asumir. Eres autista. Te guste o no.

Lo sé, lo sé, esto puede resultar chocante. Sobre todo por la inmensa cantidad de capacitismo interiorizado que arrastras. El mismo capacitismo que te llevó a odiarme cada vez que intentaba ser yo misme. No importa lo mucho que odies el autismo o a la gente autista. Eres autista. Vivo convencide de que tu padre era autista. Tú eres autista, mi hermano pequeño es autista y yo también soy autista. ¡No es coincidencia!

No vengo a escribir sobre Joaquín porque al fin y al cabo yo nunca le conocí. Pero a ti sí te conozco, y una vez que mandé el capacitismo interiorizado bien lejos, lo vi muy claramente. No soy psicólogue ni nada de eso, y tampoco tengo intenciones de serlo. Sin embargo, toda mi experiencia vivida me sirve para saber si alguien puede ser autista, hasta el punto de que le he dicho a gente que ni se lo olía que lo son.

¿Y sabes qué? Ha habido personas que me han escrito después de muchos años para decirme que tenía razón.

No te digo que busques un diagnóstico profesional si no quieres. Mi suegra está en el mismo cajón. Novia y yo sabemos que es autista, y ella se lo huele también. Pero siempre dice: “A mi edad, ¿para qué?”. Y no la culpo, sabiendo cómo está el patio. Quizá tú sí necesites respuestas, o ayuda, y el diagnóstico sea la respuesta. Si ese es el caso, espero y deseo que quien te atienda sea más amable que yo. Porque no sé si lo has notado, pero yo me estoy moderando muchísimo.

Y sí, puedes usar esta carta. Le ahorrará mucho trabajo a le pobre que te toque.

Voy a empezar por lo más obvio. Lo mucho que sabes de Clint Eastwood y películas del oeste. ¿Tú crees que una persona alista sabría tanto de un tema tan concreto? ¿Así por que sí? No. Lo tuyo es un interés especial, y no tan raro.

El hecho de que prefieras comer cosas como coles de Bruselas, filetes de hígado o mejillones tiene una explicación también. Te gustan las comidas con sabores y olores fuertes porque buscas algo que te estimule sensorialmente. Eso, mamá, es muy, pero muy autista.

Hablando de diferencias sensoriales, el hecho de que te marees en todo medio de transporte habido y por haber también puede ser explicado con autismo. Tu sistema vestibular es tan sensible que técnicamente podrías marearte caminando. Y sí, está relacionado con ser autista, aunque de momento esa relación está establecida porque otres autistas adultes confirman que les pasa.

¿Te acuerdas cuando creías que te estabas quedando sorda? Los médicos te hicieron muchísimas pruebas y llegaron a la conclusión de que a ti no te pasaba nada. Bueno, puede que con la edad sí que esté pasando. No obstante… La única vez que vi a nuestra familia extendida me di cuenta de algo interesante: todo el mundo lo pasaba mal para entender cosas a la primera, y había que repetir frecuentemente. Ahora me doy cuenta de que no es sordera, son dificultades en el proceso auditivo.

Aparte, tú tienes estereotipias, solo que no son tan obvias. Cantas y hablas sola. Todo el rato. Una canción muy concreta. ¿Y sabes quién más tiene estereotipias? ¡Exacto!

Podría seguir y seguir en esos pequeños detalles que suelen escapar, pero tampoco quiero aburrir a quien acabe por leer esto. Y si estás leyendo esto, tampoco es que importe mucho que siga, porque seguro que vas a intentar desmontar punto por punto. Pero yo lo tengo claro. ¿De dónde narices me viene el autismo si no es de ti? Porque de papá ya te digo que probablemente lo que me ha tocado es TDAH. La diferencia es que a papá no lo tiraría dentro de un volcán, así que realmente no tengo razón para ir a por él públicamente.

Entiendo que te va a costar procesarlo. Es más, a mí me costó casi diez años gracias a tu capacitismo interiorizado, y eso si sólo cuento desde que a cierto psiquiatra se le escapó contarme lo mío. Pero es lo que hay. No puedes cambiar quién eres. Puedes aceptarlo y vivir feliz siendo tú misma, como yo estoy haciendo. O puedes hundirte en una espiral de odio y autodestrucción, como Francisco está haciendo. Eso si el hígado no se le ha ido ya a la mierda, claro está.

Si nuestra relación hubiera sido diferente, intentaría ayudar más en serio, pero como siempre he sido la oveja negra de la familia, esta carta es lo máximo que voy a hacer por ti; y eso es si la encuentras primero. Tu problema no es ser autista. Tu problema es cómo has tratado a muchas personas de nuestras vidas. Desprecios que sólo he podido ver claramente una vez que estaba lejos de ti. Porque ahora entiendo por qué no te gustaba un pelo la abuela, por ejemplo. O lo mucho que intentabas controlarme, como si estuvieras intentando vivir a través de mí. Lo tuyo es de terapia.

Es más, gracias a una persona que no voy a mencionar porque ni la conoces, te doy a dar un consejo de gratis: mírate lo tuyo primero, y entonces ya buscas el diagnóstico de autismo. Te lo digo porque podrías usar el ser autista como excusa, como ella adora hacer todo el tiempo. Al final, a nadie le importa que el autismo pueda ser una explicación, porque nunca para de liarla. Y a ti te pasaría lo mismo si lo intentaras, así que mejor no lo hagas.

Podría ser más crude y cruel, pero tengo suficiente con repetir los chistes de Musculitos, de Historias Corrientes. O compararte con Samina, de Pokémon Sol y Luna. Creo que no tengo que dar más detalles de lo terrible que eres, y lo feliz que soy desde que tengo mi propia familia. Y créeme, he aprendido muchísimo de tus errores. ¿Y sabes quién más debería aprender de tus errores? ¡Tú, mi madre!

domingo, 16 de octubre de 2022

Robarnos la voz

Sé que no soy la persona más adecuada para escribir esto. Pero probablemente sí sea la más sinvergüenza. Y quizá también quien tenga menos miedo a posibles represalias. Al fin y al cabo, ¿qué van a hacerle a une mindundi como yo, que ni siquiera vive en el mismo país? ¡Buena suerte, amiguites!

No obstante, no importa lo mayor que me haga ni lo ermitañe social que me vuelva, al final me acabo enterando de cosas, y como de costumbre, tengo que venir al blog a decir lo que pienso. Otra vez, párrafo de arriba. Algo de no tener vergüenza, algo de eso...

A pesar de que no paso mucho tiempo en Twitter, tuve a bien de enterarme que el pasado 8 de octubre hubo una concentración autista en Madrid. Y sí, las cursivas tienen su razón de ser.

Aunque a simple vista parecía algo correcto, quizá sea el hecho de que vivo en otro país, y por ende, estoy más desconectade de las cosas que pasan a nivel local en España, pero a posteriori, la gente no parecía muy feliz respecto a la concentración. Y luego, un comunicado quejándose de lo de siempre. Que por cierto, me han tenido que ayudar a encontrarlo porque ha sido borrado de Twitter.

¡Ahá! Ya estamos otra vez... ¿verdad?

Me consta que la organización que llevó a cabo el evento no es autista. También me consta que dicha concentración no resultó ser muy compatible con las necesidades del grupo que decían representar. E incluso contaron en espíritu con cierto profesional que hace diagnósticos... Por el módico precio de un mes de salario mínimo, más o menos.

¿Qué quiero decir con esto? Mirad, chiques, desgraciadamente como no pude estar allí mi crítica no puede ser exhaustiva. Y por favor, tomad mis palabras con algo de sal. Pero lo molesto es que existen ahí fuera personas sin escrúpulos ni vergüenza que usan símbolos de nuestra comunidad; como infinitos arcoiris; para sus propios fines personales, profesionales, o ambos. Ahora que por fin estamos empezando a deshacernos de toda la parafernalia medicalista que rodea al autismo, y a la neurodiversidad en general, tenemos que trabajar en deshacernos de aquelles que realmente no piensan que merezcamos los mismos derechos que elles.

Si somos las propias personas autistas las que levantamos la voz y hablamos de nuestras necesidades, correctísimo. Incluso si no estamos de acuerdo en ciertas cosas. No obstante, y esto es 100% personal, no considero que personas alistas deban estar al frente de este tipo de eventos. Eso para empezar.

Luego, el hecho de que no se tomaron en cuenta cosas como el ruido que puede haber en una concentración. ¡Menos mal que una asamblea independiente pensó en crear una zona de cuidados! Yo si hubiera estado ahí la hubiera necesitado, y es que el ruido es una de las razones por las que me he convertido en una ermitañe social. No lo aguanto. Colapso.

Y para rematar, los ponentes. Mirad, yo entiendo que es difícil encontrar gente adecuada para eso. Es más, yo sé que lo pasaría fatal para hablar en un evento, y al final estaría a lo: "weno, pos vais a leerme lmao". También entiendo que a veces haya que recurrir a personas relacionadas con el autismo, como adres de personas autistas. Pero lo que me escuece, y después de haberme enterado de un par de cosas gracias a un pequeño puñado de almas en Discord, es que hubo una persona muy concreta que incluso mercantilizó su presencia en el evento. No quiero decir nombres concretos porque me han advertido que tiene el gatillo flojo para denunciar. He dejado pistas, para quien sepa ver. Quizá sea la razón por la que no puedo encontrar ese comunicado en Twitter. Especulo, no afirmo.

¿Pero en serio? ¿Así es cómo están las cosas ahora mismo? Porque lo que sí recuerdo de ese comunicado es que afirmaban que a las personas autistas, como yo, las estaban silenciando y tratando de extremistas. ¿Y sabéis qué? Si decir bien claro lo que pienso es ser extremista, ¡tengo noticias para vosotres! ¡Soy une extremista!

Y luego que por qué creamos blogs, estamos en las redes sociales y a la mínima tenemos que ir dejándonos cucharas para que se nos escuche... Nos siguen robando la voz, y muy descaradamente. Pero no os preocupéis, lo bueno de que este evento haya sucedido es que puede haber más, y eso significa la posibilidad de que sean personas autistas quienes lo gestionen.

Nada sobre nosotres sin nosotres. Y si lo es, no vale nada.

domingo, 25 de septiembre de 2022

No me llames Asperger

Es muy triste que tenga que sentarme a escribir esto. Creía que toda esta situación ya había quedado resuelta allá por 2018, ¡pero no! ¡Qué equivocade estoy!

El síndrome de Asperger, como una entidad diagnóstica propia, desapareció en 2013 para integrarse dentro del espectro autista. Lo que significa que cualquier persona diagnosticada como Asperger es autista. Aunque claro, también os digo, por experiencia propia, que depende de quien te toque, te pueden poner ambas cosas en el diagnóstico. Lo digo porque en mi diagnóstico inglés dice que entro dentro del espectro autista, y luego especifican que es Asperger. Eso fue en 2016. Por suerte, en mi historial médico solo dice espectro autista, así que no me puedo quejar mucho.

Pero la razón por la que no quiero que se me llame Asperger, o se siga viendo como un término legítimo no está tanto en el hecho de que ya no es realmente un diagnóstico que se pueda dar. El por qué reside en las acciones de la persona por la cual se llama así: Hans Asperger.

Voy a ir al grano. Hans Asperger era un nazi.

Asperger no fue el primero en documentar casos de espectro autista. Ese mérito se lo lleva Grunya Shukareva, una psiquiatra ucraniana, la cual escribió sus observaciones en seis niños y cinco niñas entre 1926 y 1927. Pero claro, la barrera del idioma hizo que los trabajos de Shukareva cayeran en la oscuridad. Y para más inri, ella era judía. Podríamos decir que Shukareva es todo lo contrario de Asperger.

El problema que personalmente tengo con el término Asperger es el siguiente: ha sido probado mediante el estudio de sus archivos médicos que Asperger estuvo involucrado en el programa Aktion T4, el cual tenía como finalidad exterminar a todes aquelles que el régimen nazi consideraba discapacitades y, por lo tanto, no lo suficientemente buenos para formar parte de la raza aria. Eugenesia pura y dura.

La cuestión es que el trabajo de Asperger buscada separar a aquelles que podrían ser provechoses en el régimen nazi de los que no lo serían. ¿Alguien con buenas dotes estratégicas? Bien. ¿Alguien con una memoria casi perfecta? Genial. ¿Alguien que no habla? ... mejor no. Pero como sabemos a día de hoy, esa separación entre bueno y no tan bueno no es tan real como la quieren pintar desde la poltrona.

Por eso creí inocentemente que el término Asperger y sus derivados, como aspie, empezarían a caer en desuso debido al oscuro pasado de Hans Asperger. Quiero decir, seguir identificándose con el apellido de alguien que colaboró en el asesinato de cientos de miles de personas como nosotres no parece una buena idea, ¿verdad? Pero de nuevo, cuán equivocade estaba.

Aunque últimamente no me paso mucho por las redes sociales, lo cierto es que no necesito ni esforzarme para encontrar a gente que aún usa estos términos como si no hubiera una problemática detrás de ellos. Y desgraciadamente no creo que sea posible reapropiárselos. Sinceramente, muchísimas veces me gustaría tener las cucharas para decirles a estas personas que quizá deberían reconsiderar cómo se identifican, ya que muchas personas dentro de la comunidad autista no nos sentimos cómodes con el término Asperger. Pero nunca se sabe si una persona va a ser lo suficientemente razonable como para esuchar educadamente, independientemente de la decisión que tome. Al fin y al cabo, cada persona es libre de identificarse con la etiqueta que considere mejor, a menos que hablemos de supremacismo aspie.

En mi caso personal, voy a hacer una lista de razones por las que no quiero que se hable de mí como Asperger, aspie, aspien (yikes, otro melón que abrir) o alguno de sus derivados:

  • Asperger era un nazi. Todo lo contrario a mi ideología política, la cual podría llamar anarcoautismo tranquilamente.
  • Soy españole, de piel moderadamente morena y pelo oscuro. Me consta que tengo parientes lejanes que son gitanes, aunque mis parientes cercanes no lo son. Claramente no arie.
  • Soy no binarie y pansexual. Por lo tanto, claramente LGBT+.
  • Según Asperger, a menos que hubiera sido asignade varón al nacer, para él no sería autista. Porque claro, él nunca observó a niñas (y niñes trans, que se sepa), así que quién sabe, quizá creía que lo suyo era cosa de niños.
  • No soy une supremacista aspie. De hecho, me quejo mucho de ese sector por las burradas que dicen para endiosarse, incluyendo el hecho de que el autismo no es una discapacidad.
  • La idea de ser llamade por un término diagnóstico que ya no existe como tal suena fatal. Por eso de que les médiques necesitan actualizar sus conocimientos y, en muchos casos relacionados con la salud mental, muchos términos diagnósticos usados hace años ahora se consideran palabras extremadamente capacitistas, cada cual por diferentes razones. Al fin y al cabo, la medicina es ciencia, y por ende, está forzada a evolucionar cada vez que nuevos hechos corrigen todo aquello que no es correcto.
  • ¿He dicho ya que Hans Asperger era un nazi? ¡Putos nazis, joder!

Os invito a explorar vuestras propias razones para que no os llamen Asperger, o por el contrario, decidir si el término está bien para vosotres. En mi opinión, creo que si le damos unos diez años pasará a ser palabras como mongólique o minusválide, que cada día se ven muchísimo menos y está cada vez más aceptado que son palabras que no deberían volverse a usar por su transfondo capacitisma. Ojalá tenga razón, pero supongo que me toca tener paciencia con esto, porque cuatro años es relativamente poco tiempo para dejar de usar algo que se consideraba correcto desde los 90. En cuanto a mí, creo que no tengo nada más que añadir.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Mi TDAH-drama

... Otra vez metide en movidas de médiques, yaaaaaaay.

No sé qué pensar. Y la verdad, este escrito es básicamente la madre de todos los ranteos, porque sinceramente no sé lo que hacer. Porque ya he tenido experiencia lidiando con médiques ingleses a la hora de conseguir un diagnóstico de salud mental. Porque ya he tenido suficientes medidramas solo para que me hicieran casito con el problema de la fístula colovesical. Que, por cierto, casi me muero. 0/10, es una experiencia que no le recomendaría a mi peor enemigue.

Pero me guste o no, creo que va siendo hora de que lo acepte: es muy probable que tenga TDAH. Es más: tanto mi novia como yo lo tenemos en una alta probabilidad. Solo que, por alguna gracia divina, nos podemos complementar lo suficientemente bien para poder vivir soles.

El problema es... Hay varios problemas impidiéndome o retrasándome a la hora de decir "Mira, a la mierda, vamos a por ese diagnóstico, a ver si hay alguna medicación o algo que me pueda echar una mano y hala". Porque sinceramente, creo que lo que hace la situación fea es el hecho de que mi disfuncionalidad ejecutiva es lo que se lleva la peor parte. Puedo estar sentade en el sofá durante horas pensando en que tengo hambre. Pero claro, entre una cosa y otra, no tengo las cucharas para levantarme y coger... Una bolsa de Doritos. ¡Y ni hablar de cosas más complejas!

Transfobia

Empezamos fuerte. Qué bien.

Como sabéis, me llamo Sariel, y uso elle como mi pronombre. En inglés uso they/them. Resumiendo: soy no binarie. Y por eso, no existo. Y he tenido experiencias muy malas intentando pedir que se me respete.

Y sin entrar en el movidorro legal que supone cambiar mi nombre (tl;dr seguramente renuncie a mi nacionalidad española si alguna vez consigo la nacionalidad inglesa, y aún así me espera una montaña de papeleo), como estoy fuera del binario, pues parece que no merezco respeto. A pesar de que incluso mi novia se tiene que meter en medio. Pero, a día de hoy, el único sitio fuera de casa en el que se me respeta más o menos es... ¡El trabajo! Lo sé, sorprendente. ¿Pero médiques? No. Ni une.

Aparte, tenemos una ración muy fuertecita de mismisoginia. Porque claro, como no hay forma real de ser no binarie, la gente me seguirá leyendo como mujer. Por lo tanto, se me seguirá encasquetando una serie de prejuicios y falsedades que jugarán en mi contra. Porque claro, ¿cómo me atrevo a ser neurodivergente?

Capacitismo

Consultando el historial médico que la NHS tiene sobre mí, tengo un diagnóstico formal de autismo. De hecho, aparece como espectro autista. Mi médico de cabecera me ha diagnosticado informalmente con depresión y ansiedad. Y si alguien se aburre mucho leyendo mi historial, puede ver que incluso se me recetaron antidepresivos en 2016, que nunca he tomado por razones que no vienen a caso.

¿Qué significa todo esto? Si la suerte no está de mi parte, quien acabe por verme puede achacar todas mis dificultades al hecho de que soy autista. Cuando, sinceramente, no creo que sea el caso. Y si eso pasa... Quita, no quiero pensar.

Sí, hay mucha gente ahí afuera que el autismo y el TDAH no pueden ir juntitos de la mano (?, por eso de que se solapan. Pero solo porque algunas cosas se solapen no quiere decir que no pueda ocurrir. Y me huelo que esto me puede pasar, en parte por mismisoginia, en parte por capacitismo, y es horrible.

¡Y otra cosa! Quien le puso el nombre al TDAH no estaba usando la cabeza, porque esa H al final es por Hiperactividad, lo que significa niñOs corriendo sin para durante horas, según cierta gente. Y no, amigues, esa hiperactividad normalmente es mental. ¿Y a qué viene esto? Quien vaya a diagnosticarme me verá, se dará cuenta de que estoy gorde y pensará que cómo puñetas puedo ser hiperactive y, por lo tanto, tener TDAH, si estoy gorde. Que sí, es ignorancia, es capacitismo y también es gordofobia. Pero al final la persona perjudicada soy yo. Y vaya mierda.

El sistema médico y políticas

Bueno, como ya podéis adivinar... Les médiques en sí mismes son parte de mi problema. Porque parece ser que no saben respetar a aquelles que nos salimos de la cisheteronormar. Porque seguro que achacarán todos mis problemas al hecho de que soy gorde y... Vivo en un país en el que la salud mental no se trata: se maltrata.

Para aquelles que no sepáis cómo van las cosas en Reino Unido: es el médico de cabecera quien te tiene que referir al servicio de salud mental que te toque. Y eso normalmente significa AÑOS de espera. Y luego, hacen las cosas muy malamente. Pero muchas veces no porque quieran: es porque el gobierno les obliga. Porque quieren que esto se convierta en Estados Unidos 2: Electric Boogaloo.

Es por eso por lo que llevo un año esperando a que me arreglen mi problema con las muelas del juicio. Como en mi caso es un procedimiento complejo que requiere anestesia general: me toca esperar. Al menos un año (que ya ha pasado). Y lo mismo me pasó con la cirugía para ayudarme con mi fístula. Sí, a pesar de que me estaba muriendo. Un año y un mes desde que mi médico de cabecera empezó a presionar con el asunto.

Ni se os ocurra votar a partidos de derechas, porque esta es la clase de cosas que pasan. O como puedo decir desde el pasado lunes: nuestra primera ministra es la cabeza de un gobierno ilegítimo, ya que no ha sido elegida por el pueblo. Eso sin mencionar que la señora es una fangirl de Margaret Thatcher.

Dinero

Que sí, hay una forma de evitar la transfobia, el capacitismo e incluso esperar dos años para que luego me digan "Llama a este número en dos semanas o te quitamos de la lista de espera".

... ¿tenéis 800 libras?

Porque ese es el precio más barato que he visto para un diagnóstico. Privado, obviamente.

Sinceramente, me he estado planteando ir por esta ruta porque siento que me estoy deteriorando muy rápido, y esperar años puede ser una idea terrible, especialmente si resulta que tengo razón y necesito tratamiento y/o terapia.

Pero claro, luego también está el asunto de que la NHS podría ver mi diagnóstico privado y decir: "Mira, no conocemos a este señore, así que este papel no es válido". En caso de necesitar medicación, esto puede ser un problema muy grave, porque debido a la transición de mi novia soy muy consciente del precio de prescripciones privadas. Y eso que mi novia tiene suerte y su tratamiento cae en la parte baja de lo mucho que puede costar transicionar.

El capitalismo tardío se nos está quedando cojonudo, supongo.

... ¿Conclusiones?

¿Y qué hago? En serio, ¿qué hago? ¿Hago el papeleo del cambio de nombre y tiro a lo público? ¿Ahorro y voy a lo privado? ¿Todo? ¿Me aguanto y me deterioro hasta que acabe en el hospital?

En serio. Ser neurodivergente en esta sociedad es una mierda pinchá en un palo. Que ya bastante tengo con que me digan que no hay apoyo o servicios para adultes autistas porque... ¡Somos adultes, ties! ¡Adultes! ¿Y si le añadimos el TDAH? ¿Qué hacemos? Porque según la sociedad no lo estoy haciendo tan mal si tengo un trabajo, vivo con mi novia y nos apañamos bien.

Claro, hasta que llegan las ocho de la tarde y estoy medio muerte en el sofá pensando "Tengo hambre, quiero comer, hay comida pero... ¿Qué hago?"

RoundSariel RantyPants, ¡fuera!

domingo, 31 de julio de 2022

El Orgullo no es una fiesta

Y si crees que es una fiesta, necesitas una lección de historia.

Pero dejad que empiece por contaros cómo mi novia, autista como yo, y muy posiblemente también TDAH, pasó de "Me apetece ir al Orgullo de Liverpool como yo misma" a "Incluir a discapacitades y neurodivergentes no debería ser algo de lo que se pueda prescindir". Ella usó el término afterthought, que en este contexto es algo difícil de traducir incluso para mí. Pero la idea está clara: muy bonito y colorido, pero no para nosotres.

Lia estaba pensando en ir al Orgullo presentándose como la mujer que es. De hecho, esta hubiera sido la primera vez que hubiera sido ella misma en público. Y, a pesar de que las hormonas claramente están haciendo cambios, es bastante complicado tener un buen pase. Así que nada, supongo que me tocaba ir con ella, porque si algo he aprendido en estos 31 años de vida es que gilipollas hay en todas partes, y si me toca liarme a hostias con alguien por ir atacando a mi novia por ser trans, no me importa hacerlo. Aunque tenga las de perder. Aunque odie ir a Liverpool los fines de semana con toda mi alma porque parece que la gente se multiplica como conejos. Amor, lo llaman.

Pues llega la noche del viernes. Por decirlo suavemente, estoy hasta los cojones de todo. Y sí, esta es la forma suave de decirlo. Llegué a mi casa del trabajo a las ocho de la tarde gracias a la huelga de transporte en mi área; me dicen en el trabajo que no puedo llevar mis propias camisetas porque obviamente no son el uniforme, y les da igual si los polos me hacen sentir fatal cuando hace calor y encima; volviendo a la huelga, teniendo que caminar un kilómetro cuesta arriba después de ocho horas de trabajo, pierdo como dos horas de mi vida esperando y caminando al lugar donde tengo que coger el autobús. Eso o pagar un taxi. Pero claro, ¿puedo estar gastando entre 10 y 20 libras de taxi a diario solo para no perder mi trabajo hasta que la huelga acabe? Creo que la respuesta está clara.

Es entonces cuando Lia me advierte de que quizá debería reconsiderar el acompañarla. Al parecer, aparte del Orgullo, había un festival a las afueras de la ciudad. Eso sumado al típico bullicio del fin de semana tenía mala pinta. Y yo, inocente de mí, y cabreade con mi trabajo por hacerme gastar dinero en camisetas negras, le digo que en cierta forma necesito ir, y que me importa su seguridad.

Tendría que haber escuchado a mi novia. Es más, quedarnos en casa hubiera sido muchísimo mejor, porque es ayer sábado cuando Lia cambió de idea respecto a ser ella misma. "Creo que no debería arreglarme. El tren va a estar muy lleno y me da miedo. Ya sabes cómo es la gente". Respeto su decisión y vamos hacia la estación. Y entramos en el tren.

Y os juro que me quería morir.

El tren estaba tan lleno que apenas había espacio para respirar. Lleno hasta el punto de que no me sorprendería en absoluto si en un par de días amanezco con covid.

Y la gente (no los llamo cosas peores porque bueno) estaba de parranda y bebiendo. A mediodía. Del sábado. Yaaaaaaaaay.

Solo diré que no tuve un colapso completo porque mi novia es la persona que mejor me entiende en este mundo y sabe cómo ayudarme. Pero, y ahora sí, los gilipollas de turno se estaban descojonando de mí, cuando yo claramente estaba llorando y deseando bajarme de ese tren. Y luego la sociedad se pregunta por qué soy más feliz viviendo prácticamente como une ermitañe. No sé, ¿quizás por la forma en la que se me trata por ser autista? Noooo, probablemente porque soy una malcríade y estoy claramente equivocade.

Después de quince minutos más largos que un día sin pan, llegamos a Liverpool. Y salimos de la estación. Y con la misma que Lia ve el bullicio sonoro del desfile, se da cuenta de que no quiere unirse. No por miedo, ya que no llevaba nada que la identificara como trans. ¿Qué mierda pinta una batucada en esto? Y decide que el Orgullo no es para ella. Por mucho que usara sus cascos, los cuales doblan como canceladores de ruido, no había forma humana de reducir lo suficiente el ruido de la dichosa batucada. Y luego el hecho de que tampoco es que hubiera muchas oportunidades de mantener cierta distancia social.

Y esa fuera la primera vez de muchas que dije "El Orgullo no es una fiesta" con pura frustración.

Me gustaría poder escribir que al final reunimos cucharas y decidimos unirmos y nos lo pasamos genial... Pero eso sería mentir. Porque después de todo el percal solo para llegar ahí ya nos habíamos quedado sin cucharas, sobre todo yo. Es más, me gustaría decir que todos nuestros planes fueron genial aparte del Orgullo, pero eso también sería mentir. Resumiendo: ayer sábado fue un día de mierda. O al menos lo fue hasta que volvimos a casa.

Mi reflexión de ayer, ahora que he dormido bien y me siento mejor, es que no podemos tener una comunidad arcoiris que sólo es capaz de acoger sólo a les miembres no discas y neurotípiques, y que al menos en Reino Unido no tenemos lugar para fiestas ahora mismo. Dejad que elabore.

Algo que constantemente se critica de la comunidad LGBT es que no es precisamente accesible si eres disca o neurodivergente. El hecho de que la principal actividad para celebrar nuestra existencia sea un desfile en el que el ruido y el bullicio son la norma excluye a una buena porción de la comunidad. Algunes usuaries de sillas de ruedas podrían unirse, pero otros quizá no. Les autistas como mi novia y yo directamente huiríamos en dirección contraria del desfile porque la idea de tener un colapso no suena precisamente bien. Personas con ansiedad social podrían no sentirse a gusto con el bullicio y también huirían despavoridas. Y así, muchísimos más ejemplos.

¡Ojo! No estoy criticando la existencia de los desfiles. Siento que son necesarios porque, por mucho que a cierto grupo de gente no le guste, el Orgullo Cishet (?) son los otros 364 días del año. Y porque ser heterosexual y cisgénero no te convierte en parte de una minoría oprimida, por mucho que el grupito vocal que piensa que esto no es verdad quiera creer. Es más, me alegra que existan los desfiles. Me alegró ver gente llevando la bandera pansexual y la bandera no binaria como capas. El problema es que no toda la comunidad LGBT puede formar parte del evento más importante porque no es accesible. Es algo que hay que cambiar.

En cuanto a la razón política por la que no deberíamos estar celebrando, al menos en Reino Unido, es que con todo el mundo girando peligrosamente hacia la derecha, las burradas que el gobierno británico está cometiendo contra la comunidad trans deberían ser clasificadas como violaciones a los derechos humanos, si es que ya no lo son. Como por ejemplo, prohibir las terapias de conversión cuando se refieren a orientación sexual, pero no a identidad de género. O pasarse la totalidad de un debate sobre legalizar la existencia de las personas no binarias hablando de lo malas que son las mujeres trans, especialmente en los baños. ¿Gente no binaria? ¿Qué. Es. Eso? Y estos son los ejemplo que se me vienen a la mente primero, pero me apuesto que hay más. Y más que vendrán, porque la señora que tiene más papeletas de convertirse en la ilegítima primera ministra ha estado apoyando el ideario transexcluyente.

En resumen: sí, hemos avanzado muchísimo en estos 50 años, hasta el punto de que es posible celebrar nuestra identidad LGBT. No obstante, estas celebraciones no son accesibles para todes les miembres de la comunidad LGBT. Además, la mayoría de los gobiernos del mundo no están por la labor de proteger o mejorar los derechos que hemos ganado a golpe de luchar por ellos.

¡Y eso sin mencionar el capitalismo rosa! ¡Yaaaaaaaaay!

domingo, 24 de abril de 2022

Gilipollas hay en todas partes

Nunca pensé que podría escribir algo y poner un taco en el título. Joder.

On en la primera línea.

... vale, ahí me he pasado. Pero de verdad, prometo que todo esto tiene sentido. Y bueno, puede que se me CaNcElE (?) por escribir exactamente lo que pienso, pero amiwis míes, este es mi blog y el único gasto que hago en él sale enteramente de mi bolsillo, así que si alguien quiere usar ALT+F4, guay por mí.

Llevo bastante tiempo queriendo volver a escribir, pero por ciertas cosas que he visto he sentido que quizás no era la mejor idea. La principal razón era que lo que estaba viendo en la comunidad autista hispanohablante no me gustaba un pelo. Pero ahora puedo decir que, independientemente del idioma hablado, si tiene que haber drama y salseo, lo habrá. Lo digo con conocimiento de causa después de haber visto un par de cosas en la comunidad angloparlante, las cuales merecían ser leídas con un cubo enorme de cotufas.

La cuestión es que todo el drama de los anglos, en el cual no entraré en detalles, me hizo darme cuenta de algo importante: gilipollas hay en todas partes. Y solo porque pase y resulte que les mentades gilipollas son bastante más vocales, no quiere decir que tengan razón. Y, en el drama que he visto... No, les gilipollas no tienen razón. Y si alguien quiere venir a discutirme que el autodiagnóstico no es válido, tengo escritos viejos como el vino.

Voy a entrar en un ejemplo concreto en el que estoy directamente involucrade. Pues esto pasó el año pasado, justamente cuando estaba en el hospital recuperándome de la operación que necesitaba para salvar mi vida. No vengo a organizar una pity party, pero es importante saber eso porque especulo que pasé varias horas bajo anestesia general, lo cual me suele dejar bastante cansade durante, al menos, un día entero. En esta ocasión, al ser una cirugía mayor, estimo que estuve al menos cinco horas en la mesa de operaciones, por lo que estuve bastante cansade los cinco días que estuve ingresade.

Como podéis imaginar, tenía bastante tiempo libre, ya que mi novia solo podía visitarme a ciertas horas debido a las restricciones por covid. E intentar mantenerme distraíde resultaba bastante complicado porque debido al tipo de cirugía necesitaba anelgésicos vía intravenosa, lo que limitaba mi movilidad. Eso sin mencionar que tenía unas 36 grapas en la zona abdominal sellando las zonas de mi cuerpo que fueron abiertas para operarme. Vamos, que aunque quisiera, mis únicas opciones eran tener a mano mi móvil y mi tablet, porque el incluso intentar ponerme cómode en la cama del hospital era muy doloroso.

No recuerdo bien cómo pasó, pero encontré un post en Facebook "exponiendo" a alguien por... Creer en el tarot, auras y varias cuestiones metafísicas que no recuerdo. Lo que sí sé es que, en primer lugar, la persona expuesta es conocida por no ser muy respetuoso con el género femenino. Y en segundo lugar, mi nombre estaba en una de sus capturas de pantalla. Creyendo que serían razonables, les pedí educadamente que borraran la captura de pantalla con mi nombre. Cielos, con censurarla me habría valido. Pero no. Craso error, porque quienes están detrás de la página que publicó el exposé incluso me acusaron de estar mintiendo sobre mi precario estado de salud físico y mental. Mientras estaba en el hospital. Guau. Solo porque pedí, por favor, que no se me vinculara con esa persona, cuyo comportamiento estaba siendo malo.

¿A dónde quiero llegar con esto? Veréis, debido a lo que pasó con esta página no me he sentido muy a gusto siendo yo en Internet. Y aunque mi salud física ha mejorado muchísimo y la mental aún lo intenta, no me he sentido muy inclinade a seguir vinculándome con la comunidad autista, en general. Porque el atacar a esta persona por sus creencias espirituales abre un peligroso doble estándar: puedes formar parte de una religión mayoritaria y nadie se quejará por ello. Pero si formas parte de una religión pequeña o directamente te defines como espiritual sin afiliarte a las grandes religiones, más pronto que tarde se encontrará alguna tara para echarte mierda. Y pum, considérate funade.

Y sí, este doble estándar me afecta. Porque a pesar de que se me bautizó como católique cuando era un bebé, de católique tengo bien poco. Practico cartomancia, colecciono cristales y me considero pagane. Estas últimas palabras son suficientes para acusarme de ser pseudociencia y de ser un peligro para la comunidad autista. Es más, no me sorprendería lo más mínimo si este escrito acaba publicado en esa página de Facebook en forma de capturas de pantalla. Y sinceramente, ya me da igual. No es como si hoy, después de haber estado pensando sobre todo este asunto durante días, haya decidido llamarme autiwitch. Así que nada, espero impacientemente la funa. Que la basura se saque sola, amén.

A quienes os queráis quedar, pues gracias de corazón. No tiene punto intentar crear una comunidad si vamos a estar echando o haciendo sentir incómodes a aquelles que no son males o peligroses, pero que por sus diferencias no se sienten del todo bienvenides. Incluso a les gilipollas, siempre y cuando no estén siendo activamente un peligro.

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Wicked Rainbow es mi pequeño negocio, aparte de mi trabajo a tiempo completo. Es una pequeña tienda espiritual donde vendemos cristales, incienso y bisutería.

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